martes, abril 20, 2021

¿De verdad el ipad y las tabletas son tan nocivas para los niños?

La respuesta es: Sí. ¿A pesar de que haya apps educativas? Sí. ¿Aunque la tecnología es esencial para las nuevas generaciones? Sí, también. Aquí el porqué.

Lamentamos (y no), ser quienes te revelen la realidad detrás de cualquier mito a favor y en defensa del uso de pantallas en niños y adolescentes, pero es urgente que decidamos a partir de argumentos con sustento científico y humano, más allá de intereses económicos.

Con cada aparición tecnológica, se abre la discusión acerca del impacto cognitivo que estas invenciones traerán sobre todo a los niños. Preocupa sobre todo su vulnerabilidad al estar en la etapa más álgida de desarrollo intelectual.

Quizá haya recuerdos de tu infancia sobre adultos discutiendo el daño que podría causar la televisión para los niños, los efectos de la luz que emitía, el contenido y otras perspectivas, por proponer un ejemplo. Estas reflexiones son indispensables y suman a una mayor comprensión de nuestra relación con los desarrollos tecnológicos. Estas reflexiones pueden abarcar desde lo emocional, nuestras carencias y necesidades, hasta repercusiones físicas comprobables.

Los niños de occidente inician el uso de dispositivos digitales (smartphones, tabletas, televisores, consolas, etc.) antes de los dos años de 30 a 50 min; y a los dos años se exponen durante tres horas diarias, en promedio. Este tiempo va en aumento hasta alcanzar las seis horas en edades de 13 a 18 años. Estos datos son parte de la tesis en la que se concentra Michel Desmurget en su libro La fábrica de cretinos digitales (2019). Él es un neurocientífico francés que investiga la relación entre niños y tecnologías. 

En el año 2007, el psicólogo James Flynn, en su libro ¿Qué es la inteligencia? Más allá del efecto Flynn, declaraba que cada generación supera el coeficiente de su antecesor. Trece años después, Desmurget nos revela que los llamados “nativos digitales” (que es la generación de niños nacidos entre 1995 y 2015) rompen este patrón de superación intelectual. De hecho muestran un decremento en las capacidades cognitivas que se manifiesta en el aumento de trastornos de lenguaje. En diez años se han multiplicado, según Desmurget, de 11 mil a 24 mil menores afectados a nivel mundial.

Advertencia: el uso de este producto es responsabilidad de quien lo usa

Discursos creados por grandes compañías de hardware y software se han empeñado en sustentar el efecto inofensivo e incluso potencialmente benéfico que tienen las tecnologías de la información en forma de pantallas sobre los niños y adolescentes. Hasta la fecha no existen argumentos sólidos que comprueben esto y además refuten sus impactos nocivos. La postura de la industria tiene una clara tendencia al control de consumo y de los sistemas productivos. 

Desmurget en su libro Fábrica de cretinos digitales cita este extracto de un informe de la Academia Estadounidense de Pediatría: “Recientemente se han evaluado cientos de aplicaciones presentadas como educativas para los bebés y los niños de edad preescolar, y se ha demostrado que la mayoría de ellas se caracterizan por un bajo potencial educativo, se centran en competencias escolares mecánicas (por ejemplo, el abecedario o los colores), no se basan en avances progresivos validados y prácticamente no cuentan con el asesoramiento de ningún especialista en desarrollo o educación”.

4 efectos nocivos de las tabletas, según Michel Desmurget:

  1. Alteración del sueño

Hay tareas que el cerebro no puede ejecutar mientras estamos despiertos. El sueño representa la oportunidad de automantenimiento que nuestro cuerpo necesita para funcionar adecuadamente. La sobreestimulación que representan las pantallas, mantienen alerta a nuestro cerebro por más tiempo del adecuado, dejando menos tiempo a su recuperación diaria. Deterioro de la memoria, de la capacidad de aprendizaje y del funcionamiento intelectual y del rendimiento escolar, son algunas afectaciones; pero su repercusión será de forma integral en la salud de las niñas y niños. 

  1. Regulación emocional 

La falta de sueño altera las conexiones de los circuitos cerebrales destinados a la regulación de las emociones, elevando un 25% las probabilidades de presentar depresión, y un 20% más de tener ideas suicidas en adolescentes. Estas conexiones también desempeñan un papel crucial en las patologías de las adicciones y en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), dos problemas a menudo relacionados entre sí. Además, la estimulación de los contenidos audiovisuales genera una excesiva segregación de la corticosterona (la hormona del estrés) que lleva a un envejecimiento prematuro en las células.

  1. Problemas de lenguaje

Imaginemos este escenario como un monólogo en el que es el iPad o la tableta el único que habla. Sin oportunidad directa de interacción, se anula el trabajo mental que se necesita para comunicar una idea, y aunque existan programas con algún grado de interacción, nunca será equiparable a la interacción con otro ser humano, base fundamental para el desarrollo del lenguaje.

  1. Dificultad de atención

Las nuevas generaciones están inmersas en un entorno digital que promueve de un modo peligroso el ocio. El cerebro humano no está diseñado para semejante densidad de estímulos. Cuando se lo somete a un flujo sensorial permanente, “sufre” y tiene dificultades para desarrollarse. Un exceso de imágenes, sonidos y otros elementos sensoriales tienen un importante impacto negativo sobre el desarrollo cognitivo. En concreto, sobre la capacidad de atención y pérdida de memoria.

7 instrucciones para reducir el daño en los niños*:

  1. Nada de pantallas antes de los seis años, los niños pequeños no necesitan pantallas.
  2. A partir de los seis años. Como máximo, entre treinta y sesenta minutos al día (¡en total!)
  3. Nunca en el dormitorio. Pues incrementan el tiempo de uso (sobre todo restando horas al sueño)
  4. Nada de contenidos inadecuados. Restringir contenidos relacionados con la violencia, el sexo, el consumo de tabaco o de alcohol, etc.
  5. Nunca por las mañanas antes de ir al colegio. Los contenidos “excitantes” agotan durante mucho tiempo la capacidad intelectual del niño.
  6. Nunca por las noches antes de acostarse. Las pantallas “nocturnas” alteran en buena medida la duración y la calidad del sueño
  7. Una cosa cada vez. Las pantallas deben mantenerse fuera del alcance de los niños mientras están comiendo, haciendo sus deberes o hablando con el resto de la familia.

* Citadas en el artículo Peligros de las pantallas en el desarrollo psicoemocional, del diario español La Región.

Para saber más:

La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos, de Michel Desmurget, Ed. Península (2019).

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