domingo, mayo 9, 2021

¿De verdad el “prestigio” de una escuela respalda su calidad educativa?

El prestigio de una escuela es un valor intangible. ¿Su prestigio es porque tiene muchos años de enseñanza o porque su calidad ha sido probada con los años?

Cuando los padres elegimos escuela para nuestros hijos nos guiamos por elementos sumamente variados: la cercanía, las instalaciones, la “vibra” que nos transmitieron los docentes durante el recorrido, etcétera. Pero debajo de todas esas valuaciones está una que tiene que ver con algo muy intangible: el prestigio.

Tal prestigio es un valor muy engañoso: una escuela puede tener mucho renombre, pero en realidad mantiene un mismo estilo educativo desde hace décadas. Esa reputación seguramente le viene de generaciones anteriores, cuando fue una escuela de vanguardia acorde a sus tiempos; pero ya no lo es más.

Pero entonces, ¿qué es el prestigio para una escuela?

El prestigio es la estima pública de algo. Se podría decir que en el ámbito académico, una institución educativa es prestigiosa según sus reconocimientos y acreditaciones, porque cumple con ciertos parámetros vinculados a la excelencia académica. Esta valoración es más exacta que el prestigio “de oídas” de los párrafos anteriores. Aquí, socialmente sólo se están reconociendo las escuelas que han pasado por diferentes procesos que evalúan su calidad.

Con respecto a la educación superior, Óscar Julián Cuesta Moreno, en el artículo de investigación Reconocimiento social del docente universitario: subjetividad agobiada, puja por el prestigio académico y reivindicación del acto educativo de 2017, dice: “Calificar algo con el apelativo de calidad implica, consecuentemente, establecer escalas de valor determinadas por ideales.”

El especialista señala que las universidades se acercan a la calidad si ofrecen ciertas características a nivel de infraestructura, planta docente, diseño curricular, vínculos internacionales, etc. Para ellas, la acreditación tiene una relación directa con el posicionamiento en el mercado.

En este sentido, el prestigio de un programa o institución impacta en el número de matriculados y, por lo tanto, en sus ingresos. 

Una escuela prestigiosa ¿ofrece una educación de calidad?

Sólo si las escuelas están en continuo proceso de acreditación y adaptan su sistema educativo y su centro escolar a una óptima funcionalidad, eficacia y eficiencia académica, es que pueden justificar su prestigio y sustentarlo a lo largo del tiempo.

Esta necesidad a satisfacción de la calidad es motivada por fines comerciales y un buen resultado en los rankings más influyentes.

El estudio El ranking Times en el mercado del prestigio universitario de Imanol Ordorika y Roberto Rodríguez Gómez de 2010, señala que “la llamada ‘cultura de la evaluación’, desplegada en el campo de la educación superior, ha requerido y propiciado el desarrollo de diversos métodos e instrumentos para medir, calificar y dar seguimiento al desempeño y resultados de las funciones académicas.” Más adelante propone que la expansión del uso de los rankings también responde a la necesidad del mercado, de clasificar, ordenar y jerarquizar a las instituciones del ámbito educativo.

Incluso, se puede afirmar que trabajar en pos de la calidad educativa no se limita a ideales en la educación. Más bien se centra en la demanda del mercado escolar de ofrecer una educación prestigiosa, con profesores, programas, equipos e infraestructura cualificados. Es decir, están siendo evaluados y acreditados por las políticas de calidad.

El lado negativo de esto es lo que el catedrático de Investigación Educativa Arturo de la Orden Hoz, dijo en la conferencia Evaluación y calidad en la Educación de la Universidad Complutense de Madrid en 1999: “La evaluación (es) el mayor obstáculo para la calidad educativa.” El discutía que el modelo evaluativo para asegurar la calidad de la educación debe ser también educativamente válido, no solamente seguir la lógica del mercado.

Y la mejor escuela prestigiosa es…

Los rankings ayudan a informar sobre las mejores escuelas, según diferentes tipos de indicadores. Pero ya que su principal objetivo es el comercial y que los resultados son condicionados, no se recomienda confiar plenamente en ellos.

Estas clasificaciones brindan elementos de prestigio institucional que han sido manejados, entre otros aspectos, para la mercadotecnia de las instituciones privadas”, señalan Ordorika y Rodríguez Gómez en su citado estudio.

Si la institución es reconocida, obtiene mayor peso en el ámbito educativo y con esto una reputación positiva, así como proyección nacional e internacional. Todo esto obliga a la institución a sostener cierta calidad y eficiencia en sus políticas educativas.

Si se consulta un ranking para conocer cuál es la mejor oferta educativa, debemos asegurarnos que de preferencia sea uno cuyos “criterios sean fundamentalmente académicos y generados por instancias públicas (educativas o gubernamentales)”, tal es la recomendación de Ordorika y Rodríguez Gómez.

Hay diferentes medios de información, públicos y de libre acceso, que proveen de información objetiva sobre las instituciones y programas académicos, sobre todo en el sector universitario. 

En conclusión…

El prestigio se entiende como la fe pública del cumplimiento de los estándares establecidos de una educación de calidad. La legitimación de algunas instituciones educativas se debe a que todas juegan en el mercado de la educación cuyas reglas son las de la calidad, excelencia y desempeño.

El prestigio no es un valor agregado, es una señal de calidad en tanto la exigencia de evaluación y acreditación de modelos, pero sí lo es según la posición en el ranking.

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