martes, abril 20, 2021

Mis hijos quieren una mascota y yo no. ¿Estoy mal?

Entonces llegamos a ese día, al temido día en el que tus hijos empiezan a insistir con la idea de tener una mascota.

Estamos de acuerdo contigo, tener un nuevo miembro en la casa implica muchas más cosas que lo que probablemente ellos se están imaginando, como poder jugar a la pelota con el cachorro nuevo, los ronroneos del gatito bebé o el nombre que le pondrían a un pez dorado. Durante la pandemia, ha habido un boom de adopciones de mascotas a nuestro alrededor, lo que seguro ha incrementado la presión que ponen tus pequeños sobre el tema, pero antes de tomar una decisión en la que según la especie animal de la mascota habrá que proyectar desde dos a quince años a futuro, lo mejor será revisar qué tanto podemos concientizar a nuestros hijos sobre lo que representa.

Una buena intención siempre será necesaria para empezar a considerarlo; esto quiere decir que en el momento en el que tu hija o tu hijo empiece a pedir y repetir su petición, tú puedas cuestionarle muy seriamente sus motivos con el objetivo de que lleguen a hablar de los riesgos y las responsabilidades. Como ellos no soltarán la idea fácil, tienes un margen amplísimo de tiempo para generar dinámicas que les incentiven a desarrollar empatía sobre los seres vivos. Por ejemplo, puedes empezar delegándoles una tarea como el cuidado de una planta (sin manejarlo como una condición o castigo), pues a través de este ejercicio podrás observar el compromiso que tienen y cómo muta la ilusión hacía algo más real que involucra esfuerzo, como la actividad de regarla con regularidad.

Este tipo de dinámicas que ponen a prueba su responsabilidad, también te darán espacio a que tú les hables de que un ser vivo como un perrito requerirá aún más de sus cuidados y atenciones.  Quizá tu preocupación más grande será el tiempo que te ocupará educarlo, el gasto que implican las vacunas y su alimentación, cómo se le rompería el corazón a tus hijos en el caso de que se pierda o tenga un accidente (o incluso lo mucho que podrías tú personalmente encariñarte con la mascota), pero aquí estamos para mostrarte los factores que benefician a toda la familia adoptante—muchos de ellos irremplazables— , y se suman al hecho de entrada: adoptar una mascota es ganar un amigo incondicional.

Salud mental y emocional

a) Reducen el estrés

Cuando interactuamos con un animal por quien hemos desarrollado un vínculo afectivo, se liberan endorfinas. Una mascota es el perfecto pretexto para que los niños jueguen más en el exterior, hagan un receso de sus obligaciones y suelten la tensión o ansiedad del cuerpo, incluso en forma de un abrazo.

b) Incentivan el autoestima

En el artículo Should I get my child a pet? de la revista Family Corner, apuntan como las mascotas son un gran elemento de ayuda para incentivar el autoestima de los niños, siendo un estímulo social, buena escucha, compañía y afectividad desinteresada. 

c) Promueven la madurez emocional 

Una mascota es una enorme responsabilidad, por lo que el niño aprenderá a estar al tanto de sus necesidades a veces teniendo que ponerlas antes que sus propios deseos. Esto representa una ventaja considerable para desarrollar su madurez emocional.

d) Desarrollo de la afectividad

Que un niño cuide y críe a su mascota, es el ejercicio ideal para aquellos niños que tienen dificultades en dar y recibir afecto.

Salud física 

a) Buena presión arterial

Aunque se trate de una conducta curiosa, en algunos casos, la interacción “tosca” de los niños con sus mascotas en actitud de juego, ayuda a regular la presión arterial. Muchos hemos sentido ese impulso desde la ternura de apapachar y apretujar a nuestra mascota, pero quién diría que al hacerlo, nosotros nos hacemos bien.

b) Menos probabilidad de enfermedades

Los niños que conviven con mascotas tienden a desarrollar mayores defensas inmunológicas. En este sentido, es menos probable que ellos desarrollen alergias o asmas.

c) Estilo de vida más activo

Para mantener la salud de una mascota, los niños tienen que ejercitarse con más frecuencia. En el caso de un perro, por ejemplo, (a pesar de que tenga un espacio amplio donde estar) es ideal pasearle al menos tres veces al día, por lo que exige mayor actividad física de sus pequeños dueños.

Para saber más, visita aquí una guía pormenorizada de Direct Line Magazine sobre todo lo que debes saber para ayudarle a tus hijos a ser dueños responsables de sus mascotas.

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