lunes, marzo 1, 2021

Comparamos una clase de matemáticas en sistema tradicional y en sistema constructivista

El modelo educativo de muchos colegios es constructivista, pero ¿de qué va? ¿Cuáles son sus aportes y sus implicaciones en la enseñanza? 

Por Gabriela Morales

Un profesor de cuarto de primaria está enfrente de la clase explicando el tema de las fracciones: «Una fracción es un número que se obtiene de dividir una unidad en partes iguales». Dibuja algunas representaciones gráficas en el pizarrón y escribe su escritura matemática con la raya fraccionaria (–). Pasa con los términos numerador y denominador, para concluir con la manera de leer las fracciones: un medio, tres quintos, cuatro cuartos, etc. Los alumnos escuchan y van haciendo apuntes. Después de varias clases profundizando y complejizando el tema con ejemplos, ejercicios y tareas, el profesor aplica un examen y el alumno es evaluado.

Esto es una representación de las clases de matemáticas bajo el método de enseñanza tradicional, donde el modelo de transmisión y recepción de conocimientos se delimita, en la mayoría de los casos, a información teórica. Los roles son sencillos: un profesor, cuya responsabilidad es transmitir, lo más claro y completo posible, lo que sabe; y alumnos que se ocupan de entender, estudiar y demostrar su nivel de aprendizaje en un examen. 

Para la clase de matemáticas, un profesor de cuarto de primaria deja como tarea investigar qué son las fracciones, cuál es su escritura matemática, los términos numerador y denominador y su lectura. Sugiere determinadas fuentes de información y dicta algunas preguntas para guiar la investigación. Al día siguiente, en clase, —tomando como base la consigna Fiesta y pizzas, del libro de texto Desafios Matemáticos. Libro para el alumno. Cuarto grado (Secretaría de Educación Pública, 2019)— hace cuatro grupos con diferente cantidad de alumnos: «Imaginemos que celebraremos el cumpleaños de uno de nosotros con una fiesta. Cada grupo se organiza para comprar pizzas —el profesor entrega a cada grupo dos o tres círculos de cartón simulando las pizzas—. Si las pizzas se reparten en partes iguales a cada grupo, ¿qué porción le toca a cada integrante?» Después, el profesor reorganiza a los alumnos en grupos de seis y entrega más círculos de cartón para plantear otro problema: «Representen las pizzas que se necesitan para que en su grupo de 6 personas a cada una le toque 6/4 de pizza». Los alumnos conversan sobre lo que entendieron y lo que hay que hacer; comentan cómo resolver el problema, escuchan propuestas y se ponen de acuerdo mientras que el profesor está atento a cómo abordan el tema. El profesor pasa a explicar teóricamente el tema de fracciones con los problemas planteados; aclara posibles confusiones y después aplica una prueba similar a las actividades en clase para conocer el proceso de aprendizaje de cada alumno.

Esto es una representación de las clases de matemáticas bajo el método de enseñanza constructivista, donde el modelo de transmisión y recepción de conocimiento, en este caso, es a través de situaciones ficticias («Imaginemos que celebraremos el cumpleaños de uno de nosotros con una fiesta…»), pero también puede ser por medio de situaciones reales (repartir entre un grupo de personas una pizza en partes iguales). En el constructivismo, el alumno obtiene la información teórica por diferentes medios —en este caso, a través de la consulta en internet y la clase del profesor— y la comprensión del tema se consolida en las actividades en clase, o en diferentes contextos de la vida diaria, es decir, en la acción. 

Lo mismo pasa en temas más abstractos: el constructivismo concibe el aprendizaje desde desafíos reales para que la construcción de procedimientos y estrategias no sean artificiales y, a la larga, inservibles. Basándonos en el ejercicio Práctica social del lenguaje 3 (del libro de texto Español. Cuarto grado de la Secretaría de Educación Pública, 2019), imaginemos una clase de cuarto de primaria donde los alumnos tengan que elaborar y compartir las descripciones del trayecto de su casa a la escuela en un croquis. Los estudiantes no sólo aprenderán a reconocer las características y los recursos de un croquis —como siglas y abreviaturas de lugares y nombres de calles— y a interpretar la información que proporciona la imagen, sino a construir una descripción verbal a partir de un elemento gráfico y a emplear el vocabulario adecuado para dar indicaciones sobre un trayecto. El alumno ejercitará la comunicación e interpretación de lo que piensa y entiende, es decir, la construcción social del lenguaje. Para el constructivismo, las prácticas en el aula tienen que contener conocimiento útil para ser capaz de hacer y lograr cosas por nosotros mismos en la vida diaria. 

“Si pensamos en aquello en lo que realmente nos consideramos “buenos” hoy en día y analizamos las diversas formas como llegamos a serlo, probablemente entendamos cómo hemos construido esos conocimientos, que seguramente no son teóricos, sino que se plasman en acción a la vista de todos y en constante perfeccionamiento, con el apoyo permanente de muchas personas y de muchos medios que hemos utilizado con autonomía” (Claudia Lucía Ordónez en su artículo de reflexión Pensar pedagógicamente, de nuevo, desde el constructivismo, 2006).

Para concluir:

La enseñanza bajo el método constructivista es una realidad. A partir de los primeros años del siglo XXI, muchos profesores e instituciones cambiaron sus prácticas pedagógicas tradicionales por el constructivismo. Más que una tendencia educativa, saber que el esfuerzo del docente no debe estar en los contenidos, sino en el estudiante, ha significado renovar la visión del cómo se aprende y cómo se crea el conocimiento; y, más que una teoría o un método popular de enseñanza, el constructivismo está logrando, bajo condiciones específicas en cada salón de clase, actualizar los modelos de enseñanza de una vez por todas. El debate pedagógico profundiza en los problemas que enfrenta a diario este esquema de aprendizaje, sus contras teóricos y prácticos, pero el gran pro del método reside en su gran promesa educativa: crear bases significativas de conocimiento en los alumnos.

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