lunes, marzo 1, 2021

¿Cómo hablar con mi hijo sobre el divorcio?

Si es el caso, lamentamos que estés atravesando por este proceso, pero te felicitamos por estar en la búsqueda de tu bienestar y el de tus hijos.

Reconocemos que el divorcio es un duelo muy complejo que es mejor vivir desde la consciencia y aceptación. Irónicamente, el divorcio es una ruptura del equilibrio familiar (aunque este equilibrio haya podido permanecer muy desequilibrado durante muchos años). Desde luego, ese proceso involucra también a los niños que se gestaron en ese vínculo y tiene que ser visto desde ahí para darle frente a todos los cambios que suscitan de ello.

Los padres, encima de los conflictos emocionales que experimentan con el divorcio, pueden estar preocupados por los efectos psicológicos que puede acarrear a sus hijos. Sin embargo, por lo pronto hay que contener las señales de alarma. Como suscribe Carlos Perez Testor et al. en su texto El divorcio: una aproximación psicológica, el divorcio en sí mismo no es el detonador de un trastorno emocional o cuadro clínico para los infantes involucrados.

Los problemas que se derivan del divorcio, dependerán de la personalidad subyacente y la evolución de cada uno de los niños, en relación con la manera de afrontar de ambos padres. Respetemos y honremos el hecho de que la manera en la que los padres asuman el duelo, impactará similarmente en el proceso de sus hijos. Lo anterior tiene que motivarnos a recordar que el divorcio no fácilmente puede acotarse a la relación entre dos personas.

Para ir sanando personalmente, hay que saber diferenciar entre los afectos conyugales y los afectos paternales. Además, hay que procurar a los hijos, sobre todo a los más pequeños. Dice Mercè Mabres Boix al final de su investigación El divorcio de los padres y la repercusión en los hijos: “Los padres que pueden hacer el duelo por la separación asumiendo sus propias dificultades, estarán en condiciones de poder empatizar con las pérdidas que afrontarán los hijos, los podrán sostener sin parentalizarlos, permitiéndoles manifestar su afecto hacia ambos padres de forma integrada. Además, si las cuestiones de la guarda o de los procedimientos del divorcio han sido resueltos sin heridas, no habrá traumatismo. Los niños podrán apreciar aspectos positivos y cambios que puedan darse, porque si bien la separación es un sufrimiento para la pareja, no siempre lo es de la misma forma para el niño”.

Rescatamos de los dos textos que antes mencionamos, las siguientes consideraciones para que tengas una guía de puntos muy relevantes a tomar en cuenta cuando hables del divorcio con tus hijos:

Cuándo comunicar el divorcio

Hazlo únicamente cuando esté repasada y comprobada la decisión para poder transmitirle con seguridad a tus hijos lo que está sucediendo y qué repercusiones tiene. Hay que ajustar el mensaje a cada edad. No olvidemos que lo más importante al comunicar el divorcio es priorizar la idea de que no es culpa ni de ellos como niños, ni de alguno de los dos adultos como padres. En todo momento se debe subrayar que el amor hacia un hijo nunca se termina, que jamás los abandonarás y que seguirás cuidándoles y acompañándoles en su desarrollo.

Procurar la cotidianidad

Atravesar por los cambios drásticos que acarrea el divorcio también para los hijos como cambios de rutina, cambio de casa, incluso cambio de escuela, nos sugiere como padres que contribuyamos lo más posible a que los niños mantengan intacto algo con lo que se identifican. Como sugiere Carlos Perez: “Retomar las actividades cotidianas y las relaciones con la escuela puede contener las ansiedades. Esta tarea requiere del niño la capacidad de tomar cierta distancia psicológica de los adultos: en un momento de desequilibrio familiar en que uno o los dos padres pueden estar preocupados, deprimidos o enfadados, el niño necesita proteger su identidad individual”.

Trasladar la crisis

Podemos contribuir a que los niños empiecen a ver periféricamente el divorcio, es decir a soltar su papel como parte de la separación, pues no se trata de ellos. Si bien sólo es posible llegar a esto parcialmente, el ejercicio colectivo y personal de este objetivo, ayudará a disminuir ansiedades, miedos u otros sentimientos conflictivos.

Cancelar la palabra culpa

No se trata de que uno de los padres sea el villano, ni de que los niños sientan que su existencia ha sido el motivo de esta decisión definitiva. Se debe de ser muy cuidadosos con nunca privilegiar que la pelota caiga en un solo lado de la cancha porque esto sería contraproducente para alguno de los vínculos y reafirma que la decisión es tomada porque buscan estar mejor de como estaban.

Reivindicar la pérdida

A pesar de que cada duelo se trata de una pérdida y que la pérdida más grande en el caso de un divorcio puede ser la de uno de los padres, tenemos que hablar abiertamente de esto para mitigar el miedo a que esto suceda radicalmente como un niño puede imaginarse. La pérdida también puede ser una ganancia de dinámicas más sanas en la casa de cada uno de los padres, de más actividades, propósitos, etc. Ayúdales a ver el lado positivo de los cambios y resignifica esta palabra.

No parentalizar al niño

Lo peor que puedes hacer es apoyarte en tu hijo durante el divorcio. Si bien la responsabilidad afectiva de todos los miembros de la familia es importante, dejarle tarea emocional a los niños debido a lo duro que es el proceso que estás atravesando sólo hará que adopte un papel de adulto que no le corresponde y que le privará de seguir viviendo su niñez. 

Acentuar su capacidad de sentir amor

Para los niños es muy fácil hacer una identificación o tomar los parámetros de nuestros núcleos familiares, por lo que todo lo que acontece en casa puede afectar sus vínculos futuros. Ayúdales a conservar una versión realista acerca de las relaciones de pareja, recuérdales que valen mucho y que son capaces de dar mucho amor, de ser queridos y de formar vínculos saludables.

Para terminar este texto que habla de una situación que nadie puede atravesar intacto, queremos que recuerdes esta frase que escribe el primer autor que citamos: “el crecimiento de toda persona está ligado a su capacidad de gestionar de modo constructivo las pérdidas de su vida”.

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