viernes, febrero 26, 2021
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A mi hijo le cuesta mucho socializar, ¿qué puedo hacer?

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¿Qué podemos hacer como padres para favorecer las interacciones sociales de nuestros hijos?

La realidad de pandemia en la que estamos viviendo, ya suma meses sin clases presenciales, y en general, sin actividades como las conocíamos. Esto supone casi un año en el que la manera de relacionarnos ha tenido que resignificarse aún para los más pequeños.

Pensemos en los niños a nivel preescolar que no han podido interactuar con más personas de su edad o de otras edades que no involucren su primer círculo o círculo familiar. Pensemos en los niños a nivel primaria que interrumpieron sus relaciones sociales cuando apenas iban desarrollándolas. Incluso conocemos algunos casos particulares de bebés que nacieron durante esta contingencia de salud, que sólo conocen los rostros de sus padres y que en cuanto han recibido otros estímulos externos o interactúan con otros miembros de su circuito, estos no han sido asimilados con naturalidad.

Sin que olvidemos que no es atípico que los infantes requieran de herramientas para socializar, la situación actual además amerita nuevas formas como las virtuales para subsanar esas redes de interacción con el mundo. También requiere refuerzos desde casa para que ellos tengan toda la confianza y disposición al hacer nuevos vínculos. Tenemos que salir con estrategias para apoyar a los más pequeños y ver, ¿qué podemos hacer como padres para favorecer las interacciones sociales de nuestros hijos?

Todo se trata de que nosotros aprendamos a la par de los más pequeños, como escriben en el artículo de la educadora Susan Rudich en L.A Parent “10 ways to practice social skill at home” y ahora te compartimos algunas ideas en diálogo con las que aquí encontramos más relevantes:

1. Promueve muestras de afecto

Ser considerado con los seres queridos no siempre es una tarea sencilla ni orgánica. Puedes alentar a tus hijos a hacer un calendario de los cumpleaños de sus familiares mientras haces hincapié en que —por ejemplo, en estos momentos de pandemia—, una felicitación de cumpleaños se vuelve una muestra de afecto invaluable. De esta manera, prepáralos para enviar una tarjeta virtual que ellos elaboren, un regalo físico por paquetería que ellos escojan o aún mejor, un video que ellos planeen en donde quepa la felicitación. Seguro sacarás de aquí mucha consciencia hacia sus seres más cercanos, pero sobre todo mucha emoción de poder dar.

2. Refuerza los vínculos virtualmente

Dale carta abierta a tus hijos de poder planear una reunión con sus amigos de la escuela, el familiar que no tienen cerca o incluso su maestro favorito, a través de una plataforma virtual. Puedes empezar por contarles que la constancia y la presencia es algo muy valioso para construir una amistad. Además de reforzar sus vínculos sociales con una acción tan sencilla, también estás ayudándoles a ser conscientes de cómo utilizan su tiempo al agendar eventos importantes para ellos.

3. Ejercita su empatía

Multiplica los actos en los que eres considerado con los demás y reconócelos en voz alta. Puede ser desde que piensas en tus vecinos más grandes de edad y te ofreces a llevarles la despensa o les preguntas qué necesitan ante el confinamiento. Recuerda que tus hijos pueden amplificar los ejemplos que les pongas enfrente.

4. Déjalos perder

Estar en casa otorga la ventaja de poder practicar su reacción ante la derrota en un escenario óptimo. Agenda un día de la semana para juegos de mesa y sé imparcial. Perder en una actividad familiar lo preparará para la frustración mientras tú le ayudas a guiarla a reacciones positivas en vista de que fuera de casa tus hijos no siempre serán los vencedores o el centro de atención mientras les muestras que eso no está mal.

5. Enséñales autocontrol subrayando tus deseos o haciendo turnos

La paciencia es algo muy importante cuando hablamos de relaciones sociales. Habla a menudo de lo que tú quieres para que ellos también expresen sus deseos y puedan acomodar los de todos los miembros de la familia de manera equitativa. Quizá los lunes te toque a ti escoger qué se hará de comer, mientras a ella, él o ellos, otro día de la semana. Esta habilidad será verdaderamente útil en sus relaciones escolares; saber manifestar lo que ellos quieren pero también esperar y respetar cuando se trata de lo que quieren los demás.

6. Sé dinámico para empezar una conversación

La pregunta: ¿y cómo te fue en la escuela (virtual)?, ¿cómo te sientes?, por lo común que puede ser en nuestro intento por interactuar con los más pequeños, no siempre será respondida exitosamente. Dale un giro a sus conversaciones y hazte a la tarea de empezar desde distintos lugares. Por ejemplo, habla de cómo te fue a ti en el día, de lo que te llamó la atención, de cómo resolviste un problema y sé atento de lo que llama la atención a tus hijos sobre esos temas para que entonces enriquezcas la conversación con preguntas más específicas sobre lo que ellos tienen que decir.

A pesar de que las definiciones sobre el hombre dicen que somos seres sociales, esta habilidad se vuelve factible entre más la practiquemos. Por último, podemos recomendarte que utilices un vocabulario amplio para hablar con los pequeños y que así ellos puedan adoptar más palabras como herramientas que emplear a la hora de relacionarse.  

Para ampliar el tema:

Regresar a la escuela en época de pandemia, UNICEF

¿Cómo puedo fomentarles interés a mis hijos en temas que desconozco?

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Si bien guiarlos es relevante, lo esencial para que tus hijas o hijos desarrollen habilidades y aprendan cosas nuevas, es que adquieran la voluntad por conocer.

Como hemos visto en entradas como Pros y Contras del Sistema Montessori, el aprendizaje de los niños no es un tema que recaiga en los educadores ni en los padres, sino en la manera que los infantes se perciben en relación a su propio conocimiento y desarrollo. Si bien un acompañamiento consciente de parte de las figuras paternas y los guías educativos es relevante, sobre todo durante la edad escolar, lo que garantizará que tus hijas o hijos desarrollen habilidades y aprendan cosas nuevas, es que puedan mantener un interés activo y voluntad por conocer.

Para fomentar el interés de los niños en diversas esferas del conocimiento, tenemos que fijarnos en nuestros hábitos en relación a las tareas escolares o a las actividades extracurriculares que hemos promovido para ellos. Es común que en nuestro intento por contribuir a su aprendizaje y desarrollo, los felicitemos por los resultados finales como las calificaciones de fin de semestre, los ganadores de una competencia de natación, o por ejemplo, si el equipo de fútbol calificó o no a la siguiente temporada.

Pero estar presentes en el proceso de aprender, al contrario de motivar el interés de los pequeños, puede generar que relacionen sus nuevas disciplinas con mucha tensión y expectativas de parte de las personas que más quieren. Además, el camino para llegar ahí pierde sentido pues lo importante se vuelve conseguir el reconocimiento final.

Sea o no sea de tu dominio el interés que quieres fomentar en tus hijos, habrá que cambiar la ecuación. Cambia el foco de lugar y refuerza con constancia el proceso que los niños atraviesan cuando un nuevo tema o actividad les llama la atención. La idea es contribuir a sostener esa motivación y no mitigarla en el intento por prestar atención o aplaudir “los grandes logros”. Con esto no queremos cancelar el reconocimiento, sino al contrario: reconocer el esfuerzo cotidiano de tu hija o hijo al involucrarse en un proyecto de aprendizaje específico, le facilitará seguir con la actividad así como reforzará su seguridad y emociones positivas al realizarla.

Si procuramos esto, tenemos todo de gane cuando se trata de actividades que naturalmente despiertan el interés de nuestros pequeños, pero ¿qué podemos hacer cuando empezamos de cero? La pregunta es, qué herramientas tenemos para motivar un nuevo interés cuando vemos la necesidad de que inviertan mejor su tiempo, por ejemplo, mientras no somos expertos en dicho tema. Martínez-Pons, citado por María Martín en su tesis de grado Estudio sobre la importancia del grado de implicación de los padres en la educación de sus hijos, define cuatro conductas muy útiles para reforzar y facilitar el aprendizaje de los niños:

El modelado

Lo primero con lo que se educa, seamos conscientes o no, es con el ejemplo. Los niños imitan a sus papás porque encuentran en ellos un modelo de admiración y referencia. Es importante entonces, que atendamos y les proporcionemos buenos ejemplos como la autorregulación, la constancia y la búsqueda por aprender cosas nuevas. No tienes que preocuparte por abarcar todos los temas que pueden interesarle a tu hija o hijo, mientras les enseñas una actitud y deseo por saber más. Este tipo de modelado es lo más útil que tus pequeños pueden tomar de ti.

La estimulación o apoyo motivacional

No pueden darse por vencidos ante la primera señal de cambio o fracaso. El apoyo motivacional consta de que tú los alientes a persistir en la búsqueda que iniciaron aún en condiciones adversas. Puedes fomentarlo siendo buena escucha, preguntándole sobre lo que más le gusta de su actividad, lo que más le cuesta trabajo o pidiéndole que te enseñe un poco de lo que va aprendiendo. 

La facilitación o ayuda

Una manera de mantener el interés activo cuando la actividad que escogieron los niños ya no es una novedad, es aportando nuevos materiales, medios o recursos para que continúen asombrados. También puedes compartir una actividad con ellos en la que se involucren sus nuevos conocimientos e intentar ayudarles a afinarlos.

Recompensa

Este método no tiene que utilizarse muchas veces ya que puede ser contraproducente a su interés como mencionamos en la introducción. Sin embargo, es útil cuando se trata de reforzar una conducta extraordinaria o constante que implique algún grado de autorregulación. Por ejemplo, vamos a recompensar que la niña o el niño no dejó de ir a su clase de instrumento a pesar de que tenía un compromiso social a la misma hora. 

Si estás leyendo este texto, puedes reconocer que tu interés y prioridades están en donde tus hijos puedan desarrollarse, experimentar y aprender lo más posible. Eso es lo más efectivo: si puedes comunicarle a tus hijos  lo mucho que te importa que ellos encuentren nuevas actividades que les gusten y les entusiasmen, y si ellos pueden apreciar y ser empáticos con tu intención por que así sea, les estarás enseñando con un gran ejemplo, a interesarse, procurar e ir en búsqueda de lo que quieren. 

Mis hijos quieren una mascota y yo no. ¿Estoy mal?

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Entonces llegamos a ese día, al temido día en el que tus hijos empiezan a insistir con la idea de tener una mascota…

Estamos de acuerdo contigo, tener un nuevo miembro en la casa implica muchas más cosas que lo que probablemente ellos se están imaginando, como poder jugar a la pelota con el cachorro nuevo, los ronroneos del gatito bebé o el nombre que le pondrían a un pez dorado. Durante la pandemia, ha habido un boom de adopciones de mascotas a nuestro alrededor, lo que seguro ha incrementado la presión que ponen tus pequeños sobre el tema, pero antes de tomar una decisión en la que según la especie animal de la mascota habrá que proyectar desde dos a quince años a futuro, lo mejor será revisar qué tanto podemos concientizar a nuestros hijos sobre lo que representa.

Una buena intención siempre será necesaria para empezar a considerarlo; esto quiere decir que en el momento en el que tu hija o tu hijo empiece a pedir y repetir su petición, tú puedas cuestionarle muy seriamente sus motivos con el objetivo de que lleguen a hablar de los riesgos y las responsabilidades. Como ellos no soltarán la idea fácil, tienes un margen amplísimo de tiempo para generar dinámicas que les incentiven a desarrollar empatía sobre los seres vivos. Por ejemplo, puedes empezar delegándoles una tarea como el cuidado de una planta (sin manejarlo como una condición o castigo), pues a través de este ejercicio podrás observar el compromiso que tienen y cómo muta la ilusión hacía algo más real que involucra esfuerzo, como la actividad de regarla con regularidad.

Este tipo de dinámicas que ponen a prueba su responsabilidad, también te darán espacio a que tú les hables de que un ser vivo como un perrito requerirá aún más de sus cuidados y atenciones.  Quizá tu preocupación más grande será el tiempo que te ocupará educarlo, el gasto que implican las vacunas y su alimentación, cómo se le rompería el corazón a tus hijos en el caso de que se pierda o tenga un accidente (o incluso lo mucho que podrías tú personalmente encariñarte con la mascota), pero aquí estamos para mostrarte los factores que benefician a toda la familia adoptante—muchos de ellos irremplazables— , y se suman al hecho de entrada: adoptar una mascota es ganar un amigo incondicional.

Salud mental y emocional

a) Reducen el estrés

Cuando interactuamos con un animal por quien hemos desarrollado un vínculo afectivo, se liberan endorfinas. Una mascota es el perfecto pretexto para que los niños jueguen más en el exterior, hagan un receso de sus obligaciones y suelten la tensión o ansiedad del cuerpo, incluso en forma de un abrazo.

b) Incentivan el autoestima

En el artículo Should I get my child a pet? de la revista Family Corner, apuntan como las mascotas son un gran elemento de ayuda para incentivar el autoestima de los niños, siendo un estímulo social, buena escucha, compañía y afectividad desinteresada. 

c) Promueven la madurez emocional 

Una mascota es una enorme responsabilidad, por lo que el niño aprenderá a estar al tanto de sus necesidades a veces teniendo que ponerlas antes que sus propios deseos. Esto representa una ventaja considerable para desarrollar su madurez emocional.

d) Desarrollo de la afectividad

Que un niño cuide y críe a su mascota, es el ejercicio ideal para aquellos niños que tienen dificultades en dar y recibir afecto.

Salud física 

a) Buena presión arterial

Aunque se trate de una conducta curiosa, en algunos casos, la interacción “tosca” de los niños con sus mascotas en actitud de juego, ayuda a regular la presión arterial. Muchos hemos sentido ese impulso desde la ternura de apapachar y apretujar a nuestra mascota, pero quién diría que al hacerlo, nosotros nos hacemos bien.

b) Menos probabilidad de enfermedades

Los niños que conviven con mascotas tienden a desarrollar mayores defensas inmunológicas. En este sentido, es menos probable que ellos desarrollen alergias o asmas.

c) Estilo de vida más activo

Para mantener la salud de una mascota, los niños tienen que ejercitarse con más frecuencia. En el caso de un perro, por ejemplo, (a pesar de que tenga un espacio amplio donde estar) es ideal pasearle al menos tres veces al día, por lo que exige mayor actividad física de sus pequeños dueños.

Para saber más, visita aquí una guía pormenorizada de Direct Line Magazine sobre todo lo que debes saber para ayudarle a tus hijos a ser dueños responsables de sus mascotas.

Te decimos cómo detectar si tu hijo está sufriendo bullying o acoso

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Que tu alumno pueda convivir con sus compañeros y sepa exigir respeto propio, le dará bienestar y calidad de vida social y, por ende, mejor desempeño académico. 

Antes que identifiques o no algunas de las características de comportamiento de una víctima de acoso escolar, es importante que como mamá o papá consideres lo siguiente:

Qué es el acoso escolar

La autora del estudio psicológico Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas, la Dr. Fuensanta Cerezzo, menciona que el acoso escolar “es el conjunto de conductas agresivas, entendidas como los ataques repetitivos  —físicos, psicosociales o verbales—, de determinados escolares que están en posición de poder sobre aquellos que son débiles frente a ellos, con la intención de causarles dolor para su propia gratificación”. 

La dinámica es la típica del fuerte sobre el débil; es un fenómeno violento, continuo y expansivo —va de un episodio a una dinámica de grupo—. Es muy importante entender que el problema no es anecdótico ni pasajero, las consecuencias en el niño o adolescente van desde el mal rendimiento académico, el abandono escolar, la depresión, la baja o nula autestima, daños físicos, hasta la ideación o intento de suicidio. Según la ponencia Factores de vulnerabilidad y riesgos asociados al bullying de la psiquiatra Pilar Arroyave Sierra “[…] las secuelas se pueden observar muchos años después que el alumno sale del colegio, tanto en el estrés psicológico general como en trastornos psiquiátricos específicos inmediatos en la edad adulta”.

Si tu hijo es víctima de algún tipo de maltrato escolar, no esperes a que hable contigo sobre sus problemas porque no lo hará. Es bastante común que quien sufre de bullying lo mantenga en secreto, ya sea por vergüenza, desconfianza o miedo.  

También es importante observar muy bien las señales y descartar otros factores, antes de tomar alguna decisión. Muchos de los síntomas de bullying pueden ser características de otras cosas, como un problema que no se relaciona con el bullying, tal vez de la personalidad del niño o de la misma adolescencia. Por eso, te compartimos una breve guía para detectar si tu hijo está sufriendo de acoso escolar, según los comportamientos generales. Cabe señalar que los siguientes síntomas o indicios se presentan gradualmente: de los más pasivos a los más notorios y agresivos. 

Signos de bullying en tu hijo…

  • Ya no quiere ir a la escuela: Está ansioso o decaído por las mañanas y/o el domingo por las noches. Es normal que a los niños les cueste trabajo despertarse o que no les guste la escuela, pero no lo es que presenten dolor de cabeza o estómago, problemas para respirar y falta de apetito o sueño específicamente en los preparativos para ir a la escuela. 
  • Se aísla: Uno de los cambios en el comportamiento es que se empieza a alejar de la sociedad y cuando convive con otras personas de su edad está ansioso o inseguro. Recordemos que si tu hijo es víctima de acoso, es probable que genere fobia social, pérdida de la autoestima y dificultad para confiar en otros niños
  • No te cuenta su día, omite información sobre la convivencia con sus amigos o compañeros o evade el tema escolar en general. 
  • Disminuye su rendimiento escolar. Comienza a presentar bajas calificaciones o fallas con entregas de tareas y proyectos. 
  • Pierde los útiles escolares o prendas del uniforme. Se puede dar el caso que el o los agresores rompan o roben sus cosas.
  • Llega a casa con la ropa rota.
  • Presenta daños físicos. 

Agresiones silenciosas que permanecen

Los daños pueden ser físicos, pero también verbales y psicosociales. En su vida social escolar tu hijo puede ser excluido (lo aíslan de juegos y actividades), hostigado e intimidado. Lógicamente, la sensación permanente de inseguridad e indefención dificulta su aprendizaje y convivencia escolar. 

Hay que considerar también que sí hay ciertas características asociadas a las personalidades del agresor y la víctima, pero estos perfiles psicológicos no necesariamente determinan que el niño o adolescente está en una situación de bullying. Es decir, a la víctima se les reconoce por no caer en provocaciones, ser socialmente aislados, cobardes ante problemas personales y ambientales, débiles física y psicológicamente, poca o nula asertividad, tímidos, retraídos y con escasa ascendencia social. Pero que tu hijo comparta algunos de estos componentes de personalidad no lo convierte automáticamente en una víctima.

Para leer más sobre este tema:

Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas, de Fuensanta Cerezo
Universidad de Murcia, España*

Factores de vulnerabilidad y riesgo asociados al bullying, de Pilar Arroyave Sierra,

¿Cómo detectar si mi hijo sufre acoso escolar?, de Elena Mengual

Cómo detectar si nuestros hijos son víctimas de acoso escolar, de Silvia Álava Sordo

¿Cómo hablarle a mi hijo de la muerte?

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Lo que hemos vivido durante la pandemia ha provocado preguntas sobre la muerte en las pláticas entre familia, pero ¿cómo podemos hacerlo mejor?, ¿qué aspectos habría que cuidar?

“Una enseñanza sin muerte es la muerte absoluta de la enseñanza.”

Vicente Verdú

Hay una sola certeza en la vida y esta es que existe la muerte. Por extraño que parezca, la inquietud sobre la muerte no es un tema periférico en el imaginario de las infancias —aunque sí en su formación—. Es un tema que surge independiente a la situación contextual de cada niño, que aparece como una pregunta inmensa y necesaria de responder. “Una cultura que no valora la muerte, no puede valorar la vida”, suscriben los doctores en Educación: Rodriguez, Herrán y Cortina, en su texto Pedagogía de la muerte mediante Aprendizaje de Servicio

A lo que nos enfrentamos como contexto, son agendas académicas que pasan el tema por alto, ambientes familiares que encuentran “muy delicado” tocar el tema con sus niños y que usualmente, acceden a él más bien a partir de paliativos religiosos o metáforas, que vuelven lo más naturalmente profundo en algo oscuro o velado.

María Cantero recalca en su texto La Educación para la Muerte, un reto formativo para la sociedad actual, que “en la actualidad ningún currículo oficial incluye la muerte como tema formativo. Esta situación hace de la muerte un tema invisible, el cual es mejor no tocar.” Ella señala que en la actual Ley de Educación de su natal España, se hace referencia a temas como la educación para la paz, la educación sexual, la educación medioambiental o la educación en valores, entre otros. Sin embargo, dice, “una vez más, volvemos a olvidarnos de ese lema de ‘Aprender a vivir’, y ¿cómo aprender a vivir si no sabemos que podemos morir?”

Sí hay algunas nuevas pedagogías que incorporan, orgánica y tangencialmente, preguntas sobre la muerte para que el tema deje de tener este carácter de ruptura y tabú. Distinguimos un par de ellas: la Pedagogía de Servicio y la Pedagogía de la Muerte. Aunque ambas tienen interesantes propuestas sobre cómo a través de conferencias, actividades sociales altruistas, etc., el infante puede empezar acceder a este conocimiento e incorporarlo sin miedo. Eso sí: nada va a suplir la necesidad de la niña o del niño de ser arropado desde casa cuando se trata de pensar en la muerte.

Cómo hablar de la muerte de acuerdo a la edad de la niña o niño

Es cierto que no será lo mismo hablarle a un adolescente que a un niño de siete años, así como tampoco tendrá la misma impresión un niño de tres. Por ello, mencionaremos, a grandes rasgos, unas características por edad que el texto antes citado describe y que pueden ser útiles para que tú como padre, maestro o adulto cercano, tomes a consideración.

Si pensamos en los más pequeñitos, ellos viven la muerte apenas como cuando se les niega algo, mientras que los niños de tres a cinco empiezan a construir un concepto borroso sobre ella, más relacionado con el miedo al abandono, el distanciamiento o el sueño. Puede ser muy positivo inaugurar el tema durante esta edad porque algo que caracteriza a estas infancias es la atemporalidad. Es decir, para estos menores difícilmente existe una apreciación del tiempo o de lo permanente. En ellos, la angustia por el duelo, porque algo sea incurable o por no volver a ver a alguien, es bien contrarrestada: los niños de esta edad creen en la magia.

Por este motivo, creemos que lo más afortunado será que desde este momento en el que tienen la fe y la imaginación a tope, tengas disposición para abordar el tema con ellos y los dejes, poco a poco, hacer sus preguntas e ir renovando sus conceptos conforme crecen.

Se observa también que a los seis años pueden desarrollar un sentimiento de responsabilidad por la muerte potencial de su gente más cercana. Parece que es entonces cuando identifican su carácter definitivo, por lo que habría que ser más comprensivos, sobre todo, con niños que rondan esta edad.

De aquí, hay un cambio polar en la adolescencia. La mayoría de los jóvenes no se interesan mucho en el tema porque al pensar centralmente en ellos mismos —rasgo inflamado de la pubertad—, ven con lejanía que algo así les pueda pasar.

Cómo confrontar la muerte a nivel personal

Lo importante ahora es confrontarnos a nosotros mismos desde la honestidad. ¿Qué nos hubiera gustado a nosotros que nos dijeran sobre la muerte cuando éramos chicos?, ¿qué cosas entre los eufemismos del mundo sobre la muerte, podríamos omitir? Hacernos estas preguntas y sumarle la intención por conceder a la niña o el niño la idea más natural sobre el fenómeno de la muerte, ya nos da una ventaja en cuanto a desarrollo se trata. Si bien será un proceso constante aquel en el que nuestros hijos conceptualicen la muerte para valorar más la vida, dar un paso adelante cuestionándonos y estando a disposición para que estos temas surjan, es irremplazable para ellos.

En mi caso, para ilustrar un ejemplo, la curiosidad sobre la muerte surgió de manera espontánea e intempestiva a los seis años, cuando le pregunté a mi mamá si se iba a morir. Mi mamá contestó que sí, pero que yo moriría también, aminorando el miedo a la separación que yo empezaba a sentir, sin razón. Mi mamá fue clara; pero después, en su intento por tranquilizarme, me dijo que aunque ella muriera, siempre iba a estar conmigo viéndome desde el cielo.

Muchas alegorías y eufemismos en torno a la muerte, pueden ofrecer un refugio momentáneo, pero más importante que recurrir a ellas con la intención de hacerle un bien a los más chiquitos, es evidenciar que no hay necesidad de tener un refugio. Al contrario, tener conciencia de lo finito de la vida trae recompensas. Como escriben Rodríguez, Herrán y Cortina en el artículo ya citado: “La recompensa es, sin embargo, reconfortante: primero, sentirse parte de la humanidad y segundo, poder contribuir más conscientemente a su mejora y transformación.”

Si bien ninguna respuesta o manera de abordar el tema va a poder presumirse como verdad (pues nunca podremos hablar empíricamente de la muerte), como un conocimiento suficiente o la mejor forma de aproximarnos a las infancias, la conclusión es: no debemos evitarlo.

Para que sepas más:

Lugizamón, Cárdenas, Martha Camila y Paredes Vallejo, Mónika Indira, Educación para la muerte: hacia las pedagogías de la humanización, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2015.

Zanartu S. Cristian; Kramer K. Christiane y Wietstruck P. María Angélica, La muerte y los niños, Revista Chilena de Pediatría, 2008, Vol.79.

Skliar, Carlos, Alteridades y pedagogías: o …¿Y si el otro no estuviera ahí?, Educación Social, 2002, Vol.23, No.79

¿Con tantas clases en línea, está bien que mis hijos sigan viendo televisión?

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Todas las pantallas fueron creadas para enriquecer nuestras relaciones, no para reemplazarlas. Y sin embargo, ¿qué está pasando?

Han pasado setenta años desde que el primer canal comercial, la señal del Canal 4, se inauguraba en la televisión mexicana. Desde entonces, el empleo del tiempo de varias generaciones en nuestro país y la manera en la que conocemos el mundo, empezó a cambiar. La pantalla de la TV y sus manifestaciones progresivas, ocupa ya no sólo un lugar especial en la casa sino en la vida diaria de millones de personas.

Por motivos lúdicos, informativos y laborales, nos hemos desarrollado a través de las nuevas tecnologías, pero lo impresionante es que para los más pequeños estas representan y les exigen un espacio más amplio. Las niñas y los niños se relacionan con el mundo digital con más naturaleza que otras generaciones, pues se ha vuelto parte esencial de su educación.

Hoy en día, a casi un año de que empezó la pandemia, el sistema educativo de los sectores más privilegiados ya se ha trasladado de lleno a las plataformas virtuales. Es un hecho que la educación en el 2021 depende del uso de la radio, el televisor, las computadoras de escritorio, las laptops, las tablets o los smartphones para subsanar la necesidad que la interrupción de las clases presenciales ha provocado. Desde antes de la crisis de salud, este fenómeno había echado raíces y ha sido tan radical y acelerado el proceso, que el tiempo pasan los infantes en frente de una pantalla se ha vuelto un tema importante de considerar.

El texto Tiempo en pantalla: Más allá de la televisión y hacia el futuro desarrollado por el Kansas State Research and Extension, suscribe que “Los estudios han demostrado que el consumo excesivo de medios, incluidos los medios de Internet, puede llevar a dificultades de atención, problemas escolares, trastornos del sueño y de la alimentación, depresión y problemas de peso tanto en adultos como en niños. Además, los educadores de la vida familiar reconocen el tiempo de pantalla que invade como un detrimento para el desarrollo familiar.”

La interacción, es decir, las relaciones interpersonales, son el mejor estímulo que los niños pueden recibir porque están en el momento ideal para desarrollar conexiones neuronales que serán cruciales para su crecimiento. Antes de los dos años, se recomienda que los pequeños no pasen tiempo frente a la pantalla, así se trate de un programa pensado especialmente para su estímulo cognitivo.

Previo a revisar por qué  no está bien que los más chicos pasen mucho tiempo al televisor, hay que considerar que todo tipo de pantalla o aparato digital fue construido como una herramienta para enriquecer nuestras relaciones, no para reemplazarlas. Con esto en mente, podemos hacer un esfuerzo por emplearlas de esta manera, con el cuidado que implica reconocerlas como un plus para la interacción mientras no el objeto central de ella. Esto aplica en la vida y hábitos de los adultos como en la de los niños, por lo que mientras los padres conservan una perspectiva similar a esta, pueden ayudar a sus hijos a adoptarla.

Los investigadores sugieren, por ejemplo, que si las familias comparten tiempo alrededor de un televisor o una computadora, elaboren actividades a partir de lo que ven. Si en el video que están viendo juntos, la gente baila, cocina, plática o va de campamento, entonces la mejor idea será echar a andar esas actividades, salir a vivir, discutir sobre lo que se cuestionan los personajes en la pantalla. 

Según la Revista Médica Sinergia en su texto Impacto del tiempo de pantalla en la salud de niños y adolescentes, estas son algunas de las repercusiones puntuales que el exceso de tiempo virtual puede ocasionar en la vida de tus hijas o hijos: 

  1. Sedentarismo
  2. Obesidad o mala alimentación
  3. Trastorno de sueño
  4. Retraso de habilidades motoras
  5. Menor rendimiento académico
  6. Retraso de desarrollo cognitivo y de lenguaje
  7. Dificultad de estabilidad emocional o problemas de conducta

Si estimamos que un niño debe tener entre 9 y 12 horas de sueño al día, según señala La Academia Americana de Pediatría, y sumamos las 8 horas que en promedio deben dedicarle a la escuela, restan tan sólo cuatro horas diarias que como padres podemos contribuir a que distribuyan entre sus otros intereses y necesidades como la recreación, el ejercicio, la convivencia social, el arte y la buena alimentación. Este es el screentime o tiempo de pantalla que los más chicos pueden invertir, según señala el texto  Pantallas y niños: Tiempo de uso y exposición recomendado por la AAP :

  • 0 – 2 años: Nada de pantallas
  • 2 – 5 años: Entre media y una hora al día
  • 7 – 12 años: una hora con un adulto delante. Nunca en horas de comidas
  • 12 – 15 años: Una hora y media. Mucho cuidado con las redes sociales
  • + de 16 años: Dos horas. Los dormitorios no deben tener pantallas

Si lo vemos de esta manera, no queda mucho tiempo de sobra como para darnos el lujo de que lo ocupen frente a un monitor, ¿no lo crees? Esta lógica puede contribuir a que reconsideremos nuestros propios hábitos de consumo tecnológico y construyamos estrategias alrededor de las características de nuestros hijos para regular este fenómeno dentro de nuestras casas.

¿Cuáles son los principales tipos de terapias psicológicas para tus hijos?

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No basta con llevarlo con el terapeuta. También es importante saber qué técnica es la más adecuada para conducir a tu hijo hacia su pleno desarrollo psicoemocional.

En el artículo ¿Cuándo sí y cuándo no es necesario llevar a mis hijos a terapia? hemos revisado en qué casos es pertinente que los niños asistan a terapia psicológica, ahora vamos a contarte cuáles son los principales tipos de terapia que los especialistas pueden abordar para promover el bienestar de tu hija o hijo. Como preámbulo, hay que tener en cuenta que a pesar de que personalmente consideremos que una terapia es mejor que otra, la elección del tipo de terapia a la que asistirán los pequeños, tendrá que ser evaluada según sus necesidades.

El psicólogo infantil te apoyará para determinar la mejor opción, según aspectos como su historial médico, sus conductas, capacidad intelectual, nivel de desarrollo, habilidades sociales y de comunicación. La Universidad Internacional de Valencia en un texto titulado Psicoterapia infantil: principales modelos en la actualidad, evalúa tres elementos como puntos clave que permiten el éxito de cualquier modelo de terapia para niños:

1. El juego

El mundo de los niños es desarrollado y descubierto a través del juego, por lo que basar las terapias en actividades lúdicas es un potenciador del trabajo psicológico. Como describe el texto que mencionamos: “Los especialistas en psicología infantil tienen la preparación suficiente para interactuar con sus pacientes de corta edad mediante el juego, detectando sus traumas y ayudándoles en su resolución. Desde el juego se pueden trabajar los distintos aspectos terapéuticos y aplicar los aspectos básicos de los principales métodos psicológicos.”

2. La implicación de la familia

Sin olvidar que como padres no tenemos la posibilidad de resolver sus conflictos personales, sí podemos contribuir a la resolución participando de su terapia. Según el modelo de terapia, cambiará la sugerencia de cómo participar, pero los especialistas sugieren que siempre exista una implicación directa de los padres, tanto para conocer los avances como para reajustar sus propias conductas.

 3. Diferenciación de objetivos

Como un equipo de dos partes, tú y tus hijos, van a tener tan diferentes perspectivas como expectativas sobre la terapia, por lo que será necesario que haya espacio de respeto para no imponer o descalificar una sobre otra. El terapeuta también tiene la tarea de conciliar estos puntos de vista para continuar el trabajo exitosamente.

Principales modelos de terapia

Estos puntos como pilares nos dan una buena idea de qué debe sostener la terapia infantil y qué requiere de ti como padre. Ahora te mostramos los principales modelos de terapia para tus hijos.

Toma en cuenta que algunos especialistas pueden diseñar una terapia particular a tu hija o hijo en donde intervenga más de uno de los modelos que enseguida mencionaremos. Lo ideal es que además de la sugerencia del especialista, puedas platicar a grandes rasgos con ellos sobre la terapia que están eligiendo para prevenir cualquier resistencia. 

Será muy importante que observes su evolución muy de cerca, sea cual sea el modelo que escojas, pues encontrar la terapia adecuada puede ser cuestión de prueba y error. Es momento de elegir, te deseamos mucha asertividad.

Terapia familiar y de parejas

Apropiada para cuando el problema central se funda en las relaciones familiares. Los especialistas en esta terapia tratan trastornos emocionales y mentales sobre todo dentro del contexto de las familias y sus sistemas.

Terapia de juego

A través del juego se crea una atmósfera segura para que la niña o el niño se exprese y busque soluciones a sus problemas. Esta terapia es ideal para los más pequeños.

Cognitivo- Conductual

Se basa en la idea de que los trastornos psicológicos son producidos por pensamientos disfuncionales, alejados de la realidad. Estos pensamientos generan conductas nocivas en el paciente que pueden ser desaprendidas, por lo que esta terapia busca modificar esos esquemas de pensamiento.  Los especialistas cognitivos-conductuales suelen tener mucha demanda de pacientes por tratarse de una terapia práctica, que atañe puntualmente a los problemas y manifiesta resultados rápidos. 

Psicoanálisis

Este tipo de terapia se basa en que los niños, las personas en general, desconocen los factores que impulsan tanto su comportamiento, como sus sentimientos. Es intensivo e incluso se le puede dar seguimiento de por vida, pues no existe un seguimiento puntual de los conflictos particulares, sino de la generalidad de los problemas y patrones de pensamiento. El terapeuta genera una atmósfera cómoda para el paciente y le acompaña acotando sólo si es muy necesario, algo sobre su propia exploración en el monólogo comunicativo. No es una terapia desarrollada especialmente para los más pequeños, pero en algunos perfiles puede ser útil.

Neuropsicológica

Está desarrollada especialmente para los niños que sufrieron algún tipo de lesión cerebral o tienen alguna disfunción del sistema nervioso (traumatismo craneal, por ejemplo).

Gestalt humanista

Pone la relación terapéutica como herramienta de cambio. Es decir, que mediante la relación del niño con el terapeuta, este tendrá prueba de autenticidad, comprensión y aceptación; podrá formarse a través del otro y mostrarse tal cual es.

Terapia asistida con animales

Se basa en la interacción directa del niño con animales que reúnen aspectos específicos con la intención de que el niño se desarrolle de manera afectiva, social y cognitivamente.

Hay que exigir de esta terapia evaluaciones constantes y un diseño de dónde partir, pero resulta muy útil si entendemos que muchas veces el amor, la compañía y la ternura son curativas.

Para terminar de leer:

Tipos de terapia psicológica, R&A Psicólogos

Peg Rosen, Tipos de ayuda emocional disponible para su hijo, Understood

Pedro Oropesa et al., Terapia asistida con animales como fuente de recurso en el tratamiento rehabilitador, Medisan, 2009.

¿Cuándo sí y cuándo no es necesario llevar a mis hijos a terapia?

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El signo más claro para considerar la terapia, es si una conducta nociva se repite cotidianamente por meses. Pero no siempre es así.

La sensación es similar a estar atado de manos, ese momento en el que reconocemos no tener todas las herramientas para ayudar a resolver los conflictos internos o externos que atraviesan los pequeños. Reconocer que no hay un manual de instrucciones para la crianza y que ningún padre puede hacer el trabajo emocional de sus hijos —así como ellos no pueden hacer el de sus padres— es un ejercicio lleno de amor, valentía y compasión que nos permitirá buscar el apoyo de un especialista cuando ellos también sienten que no pueden solos.

Como el término lo dice, los especialistas en psicología infantil son expertos en niños. Es decir, se forman profesionalmente para poder acompañar su proceso psicológico. En este sentido, las terapias psicológicas tendrían que ser normalizadas por nuestra sociedad, pues no está mal ni es extraordinario necesitar ayuda.

Ahora bien, aunque el desarrollo psíquico-emocional de los niños es progresivo, no podemos esperar que sea lineal y armónico. Como padres habrá que ser tan resilientes como receptivos a las necesidades de  su crecimiento y tomarnos con calma algunos episodios en los que consideramos que su conducta no es la más deseable. Por ejemplo, cuando los niños están transitando por un evento importante, desde una mudanza, iniciar la escuela, una pérdida o el divorcio de sus padres, es normal que se manifiesten cambios en su conducta, cuando no tienen que ser alarmantes necesariamente. En estos casos, empecemos por observar con más atención cómo se desenvuelven emocionalmente y si encontramos que existe una repetición de conductas nocivas, podemos entonces valorar cómo es que estas impactan en su desempeño académico, sus relaciones sociales, su valoración personal o incluso su alimentación.

Si se trata de eventos casi aislados o pocos episodios de estas conductas, lo mejor será abrir la conversación con tu hija o hijo y ver si desde la comunicación y la atención podemos contribuir a que transiten por sus emociones y poco a poco se relacionen mejor con ellas. Por el contrario, si estos cambios de conducta empiezan a perpetuarse y afectar fuertemente los ámbitos que mencionamos, será inminente que busquemos la ayuda de un profesional. Abrir la conversación también será proponerles ir a terapia, contándoles cómo el objetivo de la terapia es que ellos se sientan mejor y puedan trabajar en sus problemas más asertivamente, pues no hay que olvidar que el trabajo de un psicólogo es potenciar el trabajo personal del niño y brindarnos como padres, algunas ideas de cómo poder ayudar. 

Como mencionamos, el signo más claro para considerar la terapia, aparece cuando una conducta nociva se repite cotidianamente por meses. Consultamos algunos blogs de psicología para identificar las conductas o señales de alerta que, de estar presentes en nuestros niños, valdrá la pena prevenir asistiendo a terapia. 

Da el paso siguiente cuando identificas que tu hija o hijo:

  • Agrede física o verbalmente a sus compañeros, educadores o incluso a ti
  • No tolera la frustración que supone recibir un «no» a algo que quiere
  • Tiene dificultad relevante para concentrarse en las tareas o en clase
  • Baja abruptamente su calificación escolar
  • Tiene conductas sexuales prematuras a su edad
  • Tiene dificultad para dormir solo
  • Tiene dificultad para poder separarse de ti
  • Tiene dificultad para relacionarse con otros niños
  • No tiene control de esfínteres 
  • Vivió abuso físicos, abuso sexual o malos tratos
  • Tiene terrores nocturnos
  • Tiene Insomnio o somnolencia excesiva
  • Tiene fobias (hay una gran variedad de fobias y miedos)
  • Se aísla mucho
  • Es víctima de acoso escolar
  • Tiene ansiedad y/o llanto incontrolado sin razón aparente
  • No quiere hablar
  • Vive un duelo no elaborado por la muerte de un familiar o mascota
  • Tiene conflictos o dificultades derivadas de un proceso de divorcio
  • Tiene apatía o falta de interés por cosas que antes le gustaban
  • Tiene problemas de aprendizaje
  • Vive cambios repentinos o dificultades en la alimentación
  • Tiene dolores físicos sin causa biológica (dolor de cabeza, de panza, etc.)
  • Sufre una enfermedad crónica o aguda
  • Tiene autolesiones
  • Tiene un retraso en el desarrollo del habla o lenguaje
  • Episodios de tristeza o depresión
  • Sufre un cambio repentino de actitud

Para saber más:

¿Cuándo es el momento de buscar ayuda psicológica para mi hija?, Child Institute, Understood Founding Partner

Llevar a su hijo a un terapeuta, KidsHealth

Tania Zohn Muldoon, ¿Cuándo y por qué ir a terapia?, ITESO

Cómo elegir un plan de ahorro universitario y a qué edad comenzar

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Según documenta The Value of Education, un análisis de datos del banco HSBC sobre la economía, el ahorro y el deseo de los padres de enviar a sus hijos a la universidad, el 58% de los papás en la actualidad, consideran que la educación universitaria de su país es incosteable. Al mismo tiempo, un 50% de ellos cree firmemente que sus hijos necesitan terminar un posgrado para tener verdaderas oportunidades en su área laboral. Estas cifras nos hablan de un contraste muy alarmante entre la realidad económica y lo que exige la actualidad del mundo profesional. En el contexto mexicano, donde el salario mínimo con fecha de enero 2021 se coloca en los 141.7 pesos, resulta casi utópico que los padres primerizos puedan contemplar un ahorro a largo plazo, pero es evidente que una inversión como la que requieren las universidades tanto locales como extranjeras pide de ellos que empiecen un plan sólido de ahorro “en cuanto antes, mejor”. Entendiendo que una educación profesional es la vía más segura para apostar por el bienestar económico de nuestros hijos a futuro, cuando no la que garantiza una respuesta a las necesidades de cada niño, veamos a qué conclusiones podemos llegar después de recorrer los pasos más necesarios a considerar para escoger el mejor plan de ahorro de entre los que ofrecen las grandes aseguradoras, un gran fideicomiso apoyado por tu estado o incluso, para poder construir un plan de ahorro propio que se acote perfectamente a sus necesidades como familia. Antes de comenzar, habrá que tener en cuenta que las complicaciones financieras no suelen ser extraordinarias, por lo que debemos confesarnos en equipo y cancelar la posibilidad de tomar del ahorro universitario para remediar las que se presenten durante el largo proceso de llegar a la meta. Ir un paso adelante es, por ejemplo, considerar el apoyo de las instituciones de gobierno en los primeros niveles de educación para poder ahorrar desde entonces. Es decir, optar por una buena educación pública como las guarderías y el kinder,   para contar con un colchón que invertir en grados posteriores como la preprimaria y así sucesivamente. Sabemos que es una completa azaña guardar dinero para algo que ocurrirá hasta dentro de los próximos quince años o más, pero la intención es que no te encuentres sobrepasado por los gastos escolares actuales, mientras miras a futuro. Hagamos entonces un plan sólido para evitar que sucumbamos a nuestra cuenta de ahorro ante la más ligera complicación. 

Primer paso: Habla con tu pareja o las personas que puedan apoyarte durante tu proceso de ahorro

Es muy afortunado si tú y tu equipo pueden ubicarse en el mapa de sus finanzas. Hagan un promedio de sus ingresos y gastos mensuales. Si su hija o hijo es muy pequeño, hagan una suma aproximada de los gastos más grandes hasta ahora y vean cuáles han sido realmente prescindibles para no volverlos a hacer y con base en este promedio, puedan estimar y sumar a la cantidad anterior, los gastos a corto plazo para el bebé. Estimen cuánto pueden destinar para el ahorro universitario, priorizándolo sobre otros ahorros, pues aunque es una meta a largo plazo, su beneficio es irremplazable (así como requiere mayor esfuerzo constante) en comparación al de estímulos inmediatos como la compra de un televisor o las próximas vacaciones.

Segundo paso: Proyecta costos universitarios

Según el Bank of America en su artículo Cuánto ahorrar para la universidad, habrá que tomar los siguientes parámetros para estimar el costo de la universidad:

1.- ¿Cuánto tiempo tengo de aquí a que mi hija o hijo esté listo para ir a la universidad?

Haz un cronograma de ahorros. Más tiempo significa más oportunidades para ahorrar y que esta inversión tenga el potencial de crecer. Si no es tanto el tiempo que tienes de aquí a que tu hija o hijo llegue al periodo universitario, tu ahorro mensual tendrá que ser más robusto. Pero no te desanimes, en caso de ser así, existe la opción de recurrir a un fondo de inversión apoyado por instituciones públicas o privadas para incrementar aunque sea un poco tus números mensuales.

2.- ¿Queremos una universidad pública o privada?

Ambas opciones requieren una inversión, aunque de montos distintos. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, el promedio de inversión para una universidad pública en México se sitúa cerca de los 30,000 pesos, mientras que una universidad privada demanda, en promedio, una cantidad 30 veces mayor, es decir, cerca de 900, 000 pesos de inversión. Revisa el artículo Cuánto cuesta una carrera universitaria en México para que encuentres costos puntuales de algunas universidades privadas en nuestro país.

3.- ¿Consideras la posibilidad de que tu hija o hijo estudie un tiempo en el extranjero?

Sin duda, cambiar de país durante la formación profesional, suma muchas experiencias como conocimientos benéficos para el desarrollo del universitario, al igual que gastos. Si tu respuesta ha sido que sí, tendrás que agregar a tu ahorro un monto destinado a gastos de traslado, alojamiento, comida y adicionales, considerando el cambio de moneda.

4.- ¿Consideras apoyarle en estudios avanzados?

Los posgrados hoy en día son más una necesidad profesional que un lujo. Conocer cuánta educación adicional se necesita en su ámbito laboral y cuánto podría costar, puede ayudarte a ti y a tu hijo a comprender el tamaño de su meta de ahorro para la educación.

5.- ¿En dónde se encuentran las universidades que están considerando?

No será lo mismo que tu hija o hijo asista a una universidad local, a que tenga que salir de casa para estar más cerca. Los gastos básicos varían según la zona en donde se encuentre la universidad, pues influye la movilidad que requiera para llegar hasta allí, el tipo de alojamiento, así como cambia el costo de la comida según el lugar. Por ejemplo, es muy diferente el costo de vida en un campus dentro de una gran ciudad a pesar de no necesitar auto, a los gastos que implica estudiar en una provincia donde la comida puede ser más económica, pero las distancias grandes y la movilidad deficiente. 

Considerando los puntos anteriores, pueden llegar a un total de gastos universitarios, considerando siempre que sin duda con el paso del tiempo, estos precios se inflarán aunque sea un poco.

Tercer paso: Consolidar una estrategia segura de ahorro

Los pasos anteriores te sirvieron para determinar aproximadamente la necesidad económica que demandará la educación universitaria de tu hija o hijo. A partir de esto podrás considerar si los rasgos de tu posibilidad de ahorro, se ajustan mejor a alguna de las tres opciones que mencionamos al principio del texto: un fondo de ahorro asistido (la CONDUSEF puede guiarte para hacer la mejor elección de ser este el caso), un ahorro apoyado en fideicomiso o un ahorro personal en el que recurres al fondo de inversión de tu preferencia para ayudarte a que crezcan los números. Lo más importante es que hayas dado el paso a planificar a futuro, pues ahora te inscribes en el escaso número de familias mexicanas que están preparándose para que sus hijas e hijos tengan mejores oportunidades en el futuro.

Otras consultas para que no tengas más dudas:

¿Cuál es el mejor fideicomiso en México?, Mexicana de Becas

Yuridia Torres, Tres opciones de ahorro para la universidad de tus hijos, El financiero

Cómo ahorrar para la universidad de mi hijo, Finerio

¿Más contras que pros del sistema tradicional de enseñanza?

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Una reflexión histórica y social que busca entender por qué educación tradicional, pese a sus enormes ventajas a nivel masivo y de estandarización, justamente por eso mismo no es el mejor método de enseñanza.

Recordemos los días de escuela. El salón de clases lleno, con sus mesas, bancas o pupitres en filas perfectas, un reloj de pared con el tiempo detenido, un enorme pizarrón verde y un sobrio escritorio de frente a todos, como una torre de vigilancia. En los mejores de los casos, el aula de estudio de tu infancia tenía ventanas, estantes con libros o percheros y material visual en los muros, 

Hay quienes creen que el sistema tradicional está obsoleto: es ineficaz, predecible y poco estimulante. ¿Pero por qué se piensa así, si nuestros padres y abuelos aprendieron de este modelo? ¿Es verdad que la escuela tradicional ha desperdiciado talento y potencial durante más de dos siglos? 

Parece más justo pensar en los pros y en los contras del modelo educativo tradicional desde el presente y también desde el contexto histórico y social de su origen (la era industrial). Evaluemos pues al primer modelo de enseñanza con parámetros actuales —considerando las nuevas tecnologías, los avances en estudios pedagógicos y la transformación de la sociedad—, y justifiquemos sus aspectos negativos conociendo un poco la historia de la educación.

Repasemos brevemente la historia del modelo educativo de enseñanza y consideremos que sus métodos eran acordes al tiempo en el que se implementaron y que actualmente son una alternativa, bajo condiciones específicas de enseñanza. 

En términos generales, el sistema tradicional de enseñanza comienza a desarrollarse a mitad del siglo XVIII, con la institucionalización de la educación. Antes no había lo que hoy conocemos como sistema escolar, (grados académicos, facultades, programas de estudio, etc.). Tampoco existía un campo disciplinar en torno a la enseñanza, como lo son las ciencias de la educación y la pedagogía, según el texto de investigación La institucionalización de la educación como campo disciplinar de Claudio Suasnábar.

Ya que la gran mayoría de los niños y jóvenes de aquella época eran de la clase trabajadora, un solo profesor tenía que educar a una gran cantidad de alumnos al mismo tiempo, en lugar de que la educación, la alfabetización y el aprendizaje se limitara a la clase alta. Este tipo de “educación de masas” se basaba en la acumulación de conocimiento, que es la memorización y repetición de los datos de temas universales; ideas e ideales nuevos con relación a la ciencia y la filosofía, ya no sólo información de carácter católico. 

PRO 1: Masificación

Los fundamentos básicos del sistema educativo tradicional están diseñados para que el conocimiento llegue a toda la población. Su eficacia en grupos grandes de estudiantes es ideal si, por ejemplo, se quiere enseñar a leer y escribir a toda una comunidad de bajos y medios recursos. 

PRO 2: Orden

La impartición de clases de este modelo es de tipo magistral (el maestro expone el tema y los alumnos escuchan y toman nota), lo que significa que los alumnos reciben información durante más de cuatro horas diarias. Esto aseguraba un tiempo efectivo para transmitir información, es decir, un horario de aprendizaje. 

CONTRA 1: Memorización

La memorización de conocimiento no significa la compresión de éste. No es un aprendizaje profundo, y los ejercicios y exámenes están diseñados para evaluar cuánto se retiene, más no cuánto se comprende. También, el resultado de las evaluaciones se entiende como responsabilidad del profesor; es decir, refleja su supuesto nivel de conocimiento. 

CONTRA 2: Obediencia

Los valores de la industrialización, producción y control en masa, también se reflejan en el sector educativo al configurar un sistema lleno de instrucciones y recompensas por obediencia.

Fue en el siglo XIX cuando se consolidaron los sistemas nacionales de escolarización: la estricta formación y certificación docente, las leyes y reformas y las etapas educativas. Para ese entonces, ya era una orden la escolarización de todos los niños y jóvenes de la sociedad, incluyendo también a las mujeres. 

PRO 3: Democratización

La historia de la educación como sistema comienza implementando lo que hoy se conoce como la escuela tradicional, la cual considera la enseñanza básica como obligatoria para todos los niños y niñas de la sociedad. Importantes pensadores de ese entonces divulgaron la teoría de que todos tienen la misma capacidad para aprender, por lo tanto la educación ya no estaría limitada a la clase social o al género.

El sistema educativo comenzó a ser público, es decir financiado y controlado por el Estado para lograr el desarrollo de la modernización nacional y también para que el pueblo sea útil en producir y operar. 

CONTRA 3: Restrictividad

Los planes académicos son diseñados en función de los propósitos y criterios del Estado, lo que significa que las materias y los contenidos son específicos y restringidos.

CONTRA 4: Estandarización

No hay autonomía de aprendizaje, a pesar de que cada persona aprende en tiempos y formas diferentes El sistema estandariza los procesos de aprendizaje, considerando las diferencias como fracaso. Según ABA España, asociación para el fomento de la enseñanza, en los Seis problemas de la enseñanza tradicional: “Es un sistema completamente estandarizado donde cada niño debe aprender lo mismo y al mismo tiempo que todos los demás. Esto no respeta el hecho fundamental de que todo ser humano es único. Todos los niños tienen pasiones e intereses diferentes, y la clave para la realización de la vida es encontrar tu pasión. […] Pareciera que no hay espacio en el sistema de enseñanza tradicional para las preguntas más importantes en la vida de un niño: ¿En qué soy bueno? ¿Qué quiero ser en la vida? ¿Cómo encajo en este mundo?


Es imperativo que las teorías y los métodos educativos se ajusten a la contemporaneidad de los niños y jóvenes. Es momento de que la educación se convierta en lo que hoy por hoy no es, salvo raras excepciones.

La educación de hoy en día se tiene que basar en la generación de conocimiento profundo, en apoyar potenciales y talento y en la cultura digital. Lo más importante es incentivar el gusto al aprendizaje, la creatividad y la imaginación de los alumnos. El fracaso escolar, las deudas de conocimiento, el abandono temprano, la depresión de profesores, las dificultades para la inserción laboral y la general desmotivación a la escuela, se debe, entre otras cosas, a que el método de enseñanza vigente está caduco para el mundo actual.