sábado, marzo 6, 2021
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¿Tus hijos ya odian las clases virtuales? 9 tips para aligerar la educación a distancia

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A un año de pandemia, la novedad de poder tomar clases en casa ya pasó y seguramente el entusiasmo de tus hijos también. Aquí te damos 9 ideas de cómo refrescar y hacer más práctico el nuevo periodo escolar en línea.

Son varias escuelas en nuestro país las que empiezan a plantearse un modelo híbrido de asistencias presenciales y a distancia, en vista de que el auge de la pandemia pueda extenderse más. Sin embargo, lo que mejor aprendimos el año pasado fue a no hacer planes muy rígidos y, en vez de ello, adaptarnos a los cambios. Ya que pasamos la prueba más grande de adaptación, ahora podemos esforzarnos por afinar los detalles.

Podemos darnos cuenta que habiendo llegado al tercer mes del 2021, apenas tenemos un poco de tiempo y energía extra para invertir en las cosas no esenciales. Después de que la rutina en tu casa ya está un poco más establecida y has identificado con éxito qué cosas han hecho batallar a tus hijos en cuanto a sus clases virtuales, ahora sí volteemos a ver qué podemos optimizar para estar listos antes del regreso a clases. 

1. Invierte en el espacio de tus hijos

Así como tú necesitas un espacio exclusivo para trabajar, tus hijos también podrán concentrarse mejor y se sentirán más motivados si adecuas un lugar dentro de casa para las horas de escuela en línea, exclusivamente. Invierte en hacerlo óptimo: un escritorio, un mouse cómodo, una silla buena para la espalda, audífonos; todo lo necesario para que las distracciones sean menores.

2. Elabora un calendario

Tener un calendario físico de las asignaturas de los niños les servirá a ellos como una tarea creativa e incluso a ti para tener claridad de cómo se ordenan sus actividades y puedas apoyarles mejor. Quizá sea más práctico usar una aplicación, pero en este caso tener un calendario hecho a mano por ellos, contribuirá a que ellos expresen su identidad y lo consulten a menudo.

3. Haz un grupo de estudio

Que tus hijos estén en contacto con sus compañeros, fomentará su constancia en las materias así como les dará retroalimentación. Quizá el grupo se vuelva más un espacio de recreo, pero esto tampoco sería negativo en vista de que actualmente tenemos pocas oportunidades para compartir y convivir. Como solemos decir, la unión hace la fuerza, así que motivalos a encontrar su grupo o si es el caso, a invitar a otros estudiantes.

4. Prepara un buen menú escolar

Tener el estómago vacío a la hora de estudiar, es un distractor enorme. Promueve que tus niños tengan un desayuno abundante antes de empezar su día de clases en casa y prepara un par de snacks para ellos a lo largo del día. Hacer pausas para que tus niños coman algo rico entre clases, volverá más dinámico el día así como favorecerá su aprendizaje. De igual manera, que nunca falte un termo con agua cerca del área de trabajo de tus pequeños.

5. Un archivero para cada materia

Si promueves que tus hijos escriban los requisitos, lineamientos y evaluaciones de cada materia, te aseguramos que los tendrán más presentes. Puedes adquirir un archivero con divisiones para que ellos tengan bien identificado dónde va cada uno de sus trabajos y sea fácil que lo consulten. Usa papel reciclado, pues lo importante no es cómo quede el archivo, sino que ellos ejerciten su atención y memoria. 

6. Lleva una bitácora de dudas

Ayúdale a tus hijos a no dar nada por sentado, haciendo un espacio al final del día escolar para preguntarles si tuvieron dudas de lo que vieron en el día. Puedes apoyarles escribiendo todas esas dudas y dándoselas al otro día para que ellos puedan repasarlas en clase.

7. Lleva lo virtual a lo físico

Quédate pendiente de las materias y temas que están viendo tus niños, quizá la materia de biología pueda ser un pretexto para una salida al campo el fin de semana. Te aconsejamos que ayudes a darle un descanso mental a tus pequeños al sacarlos de la pantalla. También puedes regalarles un libro impreso de la materia que más les guste o les esté costando trabajo.

8. Dales pequeñas recompensas

Ayúdales a tener presente lo afortunado que es alguien que puede estudiar y lo gratificante que será para su futuro. Cuando los sientas un poco desmotivados o aún mejor, cuando tengan un mérito extra en relación a la escuela o a su actitud ante ella, aprovecha para darles algo simbólico, sacarlos a dar la vuelta aunque no bajen del auto o prepara una noche de cine y palomitas en casa. 

9. Ponte en disposición de que ellos te enseñen lo que están aprendiendo

Para que ellos refuercen su conocimiento y se entusiasmen en el proceso, puede contribuir que tú parezcas muy interesada en el tema que ellos están por dominar. Pídeles que te den clase o que te expliquen el tema que prefieran y vuélvete tú la alumna o el alumno.


Sabemos que ahora es el momento de verdaderamente afianzar los cambios del último año, pero ánimo que en cuanto a la adaptación, ya ha pasado lo más difícil. Aquí puedes consultar las recomendaciones generales que publicó la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) cuando todo esto empezó, para que te llenes de ideas que llevar hasta el salón personal de tus hijos. 

¿En qué debo fijarme al elegir escuela para mis hijos?

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Una breve guía de los aspectos básicos y más importantes a tener en cuenta al momento de tomar esta importante decisión.

Las “preferencias educativas” son diferentes en cada familia. Las respuestas a ¿cuál es la mejor escuela? y ¿cuál es la mejor educación? son relativas, pues están relacionadas a la afinidad familia-escuela. Hay tres criterios populares al elegir escuela para los hijos: la cercanía, los recursos económicos y el tipo de institución. Sin embargo, éstos tienden a considerarse desde la compatibilidad y coincidencia del centro de enseñanza con el nivel socioeconómico, con los ideales éticos y religiosos de la familia

En este artículo te apoyaremos con una breve guía de los aspectos básicos y más importantes a tener en cuenta al momento de elegir escuela para tus hijos.

1. La ubicación es muy importante

Se recomienda una escuela a no más de 30 minutos de distancia.

A la pregunta ¿Qué consejo darías a una persona que tiene que elegir la escuela para su hijo?, el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci, en la charla «Hay que cuidar el niño que fuimos y no perder esa mirada» del proyecto español de educación Aprendemos Juntos, responde: “Lo primero es que esté lo más cerca posible de casa”. Esto es un importante criterio de evaluación por dos razones: movimiento y contexto. 

  1. Movimiento: Que el niño pueda ir lo más pronto posible a la escuela. “Un niño que llega a la escuela caminando ya está en una condición de privilegio respecto a los que llegan en coche. Esto lo demuestran investigaciones científicas recientes que notan que los niños que llegan caminando tienen un nivel de atención significativamente más alto que los demás” (Tonucci). ¿Por qué? Porque el niño tiene tiempo para despertar. Caminar significa un tipo de calentamiento o preparación física y mental antes de aprender.
  1. Contexto: El niño debe aprender en el mismo entorno donde se desarrolla, es decir, el barrio de la escuela debe ser el mismo que el de su casa. ¿Por qué? Porque, al compartir la educación y el desarrollo personal en el mismo contexto social, el niño conocerá y se integrará mejor al ambiente que la escuela va a practicar

Sobre el contexto, ¿entonces mi hijo debe estudiar en la escuela que le toca? Para Tonucci la respuesta es sí. Si el plantel tiene deficiencias, no se deben de juzgar, sino trabajar con la institución para mejorar la escuela de la zona donde vives, “encontrándose con los maestros, dedicando tiempo a la escuela, siendo disponibles. […] La escuela se hace buena porque trabajamos juntos.”

2. Factores educativos a considerar

  • Método y sistema educativo: ¿Qué tipo de enseñanza prefieres para tu hijo, tradicional, constructivista, montessori?
  • Tipo de escuela: selectiva, integradora o inclusiva. 
  • Ideales: laica o religiosa
  • Buen estado de equipos y materiales: pizarrones, bancas, computadoras, libros de consulta, etc., así como el inventario suficiente para cada alumno. 
  • Instalaciones: Buena iluminación y ventilación. Es preferible que el edificio cuente con amplias áreas verdes y patios para juego y canchas . 
  • Mantenimiento y seguridad: Limpieza y protocolos de protección civil.
  • Programa de idiomas: Que tenga la asignatura de lengua extranjera o que sea bilingüe. 
  • Plan de estudios
  • Preparación y certificación docente

3. Factores prácticos a considerar

  • Colegiaturas
  • Horarios: regular o extendido

Ahora, aquellos aspectos intuitivos que te tienen que inspirar confianza y buena impresión, más allá de la evidencia profesional y práctica.

4. Factores «intuitivos»

  • El personal educativo. En específico, los profesores que trabajarán directamente con tu hijo, así como el director o directora. 
  • La sociedad escolar. Si al ver al tipo de niños y padres sientes que tú y tu hijo encajan bien. 
  • La disciplina escolar.

Preguntas que recomendamos hacer en las visitas guiadas o sesiones informativas, según el tipo de escuela:

  • ¿Cuál es el número máximo de alumnos por grupo? El rango recomendado es un maestro por cada 18 a 20 alumnos menores de 12 años. 
  • ¿Cuál es el tiempo destinado a las actividades al aire libre, independientemente del recreo o receso? En algunas instituciones, o para algunos profesores, siempre que la clase se pueda llevar en exteriores mejor. 
  • ¿Cuáles son los horarios de entrada y de salida?
  • ¿Cuál es la política de puertas cerradas?
  • ¿Cómo es el proceso de recogida de los niños?
  • ¿Cuáles son las flexibilidades y las restricciones de acceso? 
  • ¿Cuáles son los criterios o los ideales de disciplina y obediencia? ¿Hay castigos o sanciones?
  • ¿Qué pasa si el niño se porta mal? ¿Cómo lo manejan? Si hay castigos, o algún equivalente a la “silla de pensar”, mejor valorar otras opciones. En cambio, es mejor si hablan de control de emociones, acompañamiento o distracción, señala Alberto Soler Sarrió en Las 12 preguntas que debes hacer al elegir escuela infantil.

Cómo apoyar a mi hijo con Asperger en su desarrollo educativo

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Una guía práctica y sensible para el adecuado apoyo familiar.

Sabemos que como mamá o papá ya estás más que familiarizado con el diagnóstico y las características del síndrome, pero cuando los estudios dicen “limitada habilidad de tener una conversación”, “incapacidad de leer el lenguaje corporal de las personas” o “interés por temas específicos”, ¿cuál es el impacto real de esto en el una dinámica de clase? ¿Cuál es la profunda trascendencia de estas cualidades en el aula o el patio de juegos? 

Si eres padre de un hijo con Síndrome de Asperger (AS), la adaptación social y las dificultades de aprendizaje son las áreas más difíciles de apoyar. Este artículo presenta algunas propuestas de acciones y programas que los padres pueden hacer, considerando el factor educativo y emocional, o mejor expresado, “el drama escolar”. 

Para este artículo, propongo una guía práctica y sensible para el adecuado apoyo familiar en la escuela. Trascender la pregunta de ¿Cómo apoyar a mi hijo con Asperger en su desarrollo educativo? a: ¿Qué acciones directas puedo hacer como mamá en la escuela y entre el personal docente? ¿Qué puedo hacer como papá para prevenir posibles crisis? Es importante que este texto se entienda sobre todo como un apoyo emocional porque tu hijo te necesita tanto en el refuerzo de las lecciones de una materia, como también en los momentos de mucha soledad y miedo. El apoyo emocional de la familia influye en el estado de ánimo y comportamiento del niño y, eventualmente, en su desempeño escolar

La sociedad escolar, tanto profesores como estudiantes, valoran a cualquier alumno por su capacidad intelectual y sus habilidades sociales (y, desafortunadamente, entre alumnos también la apariencia y el nivel socioeconómico). La dinámica educativa siempre resaltará lo “diferente”, así como las habilidades o dificultades de todos los alumnos. Las situaciones y actividades escolares siempre serán un reto para el estudiante típico, pero para el estudiante con Asperger representa más que un desafío, es una cuestión de supervivencia social e intelectual

La activista por el clima Greta Thunberg es una celebridad cuya neuro divergencia se ubica dentro del Asperger.

Tres recomendaciones básicas

1. Conseguir el apoyo de todo el personal de la escuela.

El estudio Síndrome de Asperger: Una guía para padres y profesionales de Tony Attwood dice que “para ayudar a un estudiante con Asperger a funcionar de modo efectivo en la escuela, el punto de partida más importante es que el personal (todos los que vayan a establecer contacto con el niño) comprenda que el niño tiene un trastorno del desarrollo inherente que le hace comportarse y responder de un modo distinto al de los demás estudiantes”.

Hay que asegurarse de que todo el personal de la escuela —tanto maestros como profesores de educación física, conductores de autobús, personal de dirección, cafetería o biblioteca— estén familiarizados con el tipo de interacción social e intelectual de tu hijo y conozcan sus necesidades. A veces el personal no recibe un entrenamiento adecuado para tratar con todas las particularidades de los alumnos, pero tú puedes anticipar un entorno escolar en el que tu hijo se sienta considerado.

Te recomendamos prevenir al personal de la escuela de los comportamientos particulares de tu hijo, e indicar el grado (moderado o severo), según sea el caso, de éstos. Por ejemplo, mencionar que el niño…

  • Evitará interacciones sociales espontáneas. 
  • Le cuesta sentir empatía.
  • Sus habilidades de interacción con otros niños de su edad serán débiles en actividades grupales. 
  •  Lo más probable es que no pueda hacer amigos y se le vea solo durante el receso u otros momentos.
  • Tendrá problemas para mantener conversaciones simples o será perseverante o repetitivo al conversar.  
  • Algunas veces responderá con enfado, agresión o excesiva ansiedad (especificar los momentos o estímulos, si los hay, y qué se recomienda hacer). 
  • Problemas de conducta.
  • Hábitos de estudio.
  • Preferencia a las rutinas y rechazo a lo improvisado.

(Lo mejor es explicar esta información lo más práctica y simple posible. En lugar de decir que evitará interacciones sociales espontáneas, comentar que tu hijo no estará dispuesto a alguna actividad grupal no prevista en la programación del grupo, por ejemplo).  

Así como se notifica de la presencia de las disfunciones, también sobre las habilidades que tienden a presentar. Por ejemplo: “Destaca en la lectura y las matemáticas o que le gusta mucho la historia”. Mencionar sus temas de particular interés es muy importante. El profesor tiene la responsabilidad de aprovechar las áreas de conocimiento obsesivo de tu hijo; tienen que esforzarse por conectar efectivamente con las fascinaciones de tu hijo y vincularlos a su proceso de aprendizaje y a la didáctica de la clase. 

“En consecuencia, una vez comprendido el problema, el personal de la escuela debe aproximarse a cada uno de estos niños de un modo cuidadosamente individualizado; tratarlos como a los demás no funcionará”, señala Attwood en su estudio. 

2. Prepararse mentalmente para las posibles crisis o estallidos de conducta

Un estudio del Hospital Genesee Rochester, Nueva York, El Síndrome de Asperger, del doctor Stephen Bauer, menciona que “en algunos entornos, en especial en los menos familiares y estructurados tales como la cafetería, las clases de gimnasia o el recreo, el niño puede entrar en una dinámica conflictiva creciente, o bien en luchas de poder con profesores o estudiantes que desconocen su estilo de interacción. Este hecho puede a veces implicar estallidos de conducta más serios. El niño se desorienta y se siente presionado, hasta que llega un momento en el que reacciona de un modo dramáticamente inapropiado”. 

Lo mejor es anticipar esta situaciones, cuanto sea posible, llevando a cabo la primera recomendación de este artículo. Recuerda que tus acciones como padre tiene que enfocarse en lo preventivo y en comunicar los consejos, técnicas o procedimientos que sabes que funcionan particularmente en tu hijo.

3. Bullying

Se sabe que en el ámbito escolar hay menor tolerancia hacia las diferencias, por lo que los niños con Asperger pueden sufrir algunas agresiones por parte de sus compañeros, desde el aislamiento y burlas, hasta daños físicos. Es muy importante apoyar y tomar medidas al respecto, pues se trata de un fenómeno violento y las consecuencias pueden ser irrevocables. [Acá te decimos todo sobre bullying o acoso escolar y qué hacer]. 

6 consejos rápidos para padres y maestros, según Stephen Bauer: 

  1. Que los profesores te compartan su planificación diaria de clases para que tu hijo pueda revisarla previamente. Dice Bauer: “Las rutinas de las clases deben ser tan consistentes, estructuradas y previsibles como sea posible. A los niños con AS no les gustan las sorpresas. Deben ser preparados de antemano, cuando esto es posible, frente a cambios y transiciones tales como cambios de horarios, días de vacaciones, etc.”
  1. Las reglas de la escuela y el salón de clases deben ser claramente expresadas, preferentemente por escrito. Señala el doctor Bauer: “Las reglas para el niño con AS no tienen porque coincidir exactamente con las que se aplican al resto de los estudiantes, ya que sus necesidades y habilidades son distintas”. 
  1. Utilizar elementos visuales: horarios, esquemas, listas, dibujos, etc. 
  1. Las estrategias de enseñanza explícitas y didácticas del profesor, tienen que estar en función de ayudar a tu hijo, a aumentar su capacidad de organización y hábitos de estudio. También para ayudarlo a crear un ambiente más confortable para todos y evitar interrupciones por parte de tu hijo. 
  1. Pídele al profesor que evite un tipo de lenguaje que pueda ser malinterpretado por el niño, tal como sarcasmo, discursos figurativos confusos, modismos, etc. 
  1. Contar con el apoyo de algunos servicios educativos personalizados, como regularizaciones o repasos, si se llegan a presentar problemas de aprendizaje con algún tema. En ocasiones, el niño se siente más cómodo aprendiendo por medio de una tutoría personal que la clase grupal. 

Antes de terminar

El programa “Eso no se pregunta: Síndrome de Asperger”,  de la televisión pública de Madrid, reunió a un grupo variado de personas con el síndrome de Asperger y éstas contaron cómo se sintieron en su desarrollo académico entre personas neurotípicas, y las dificultades que tuvieron a la hora de relacionarse en el ámbito escolar. Este video te ayudará a conocer mejor cómo es la vida en la escuela de tu hijo y sus verdaderas preocupaciones, por ejemplo:

  • Mientras los demás están jugando fútbol, tu hijo estará simplemente solo; paseando y pensando mil cosas.
  • Mucha gente se reirá de él porque pensarán que es raro.
  • Se aislará para ya no escuchar que es diferente al resto de los demás.
  • Se excluirá porque le gusta estar solo. No necesita juntarse con niños de su edad. Hará un gran esfuerzo es no relacionarse y quedarse solo leyendo, conviviendo con sus propios pensamientos.
  • En la adolescencia, las frustraciones sociales se intensifican porque habrá necesidades de tener pareja y tener amigos. Es decir, de niño hay menos interés de compañía, pero en los primeros años de pubertad, la soledad no se sobrelleva tan bien. 
  • Todo es práctica, las habilidades sociales al final se consiguen.

Mejora la conducta de tus hijos con cinco cambios de hábito… tuyos

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Tus hijos no van a modificar su comportamiento porque tú se los digas. Mucho menos porque los castigues, regañes o (¡por favor, jamás lo hagas!) maltrates. Su buena o mala conducta, te guste o no, depende de tu propia actitud hacia ellos.

Los primeros meses de pandemia prometían un paraíso en tanto que la mayoría de los sectores laborales, reajustaron su espacio de trabajo a la “comodidad” de los hogares. Quizá tuviste que hacer cambios en tu casa, algunas compras de oficina para adaptarte a la nueva dinámica, pero no era nada desalentadora la idea de pasar un par de semanas sin tener que trasladarse hasta un edificio, por ejemplo.

Como ha venido pasando el tiempo, podemos darnos cuenta de que esta nueva realidad no es tan reversible y aunque podría ser una fortuna para algunos padres, para otros el tema de tener todas sus actividades diarias reunidas en el mismo lugar en donde crecen sus hijos, puede ser un tanto abrumador. Es cierto que este paraíso pronto se volvió una prueba de fuego para muchos matrimonios o núcleos familiares en general, y una prueba un tanto más difícil para los niños que han tenido que adaptarse a estos cambios sí o sí.

1. Primero, analízate tú

No nos sorprende entonces que los más pequeños estén experimentando nuevas frustraciones, y por lo tanto, cambios radicales en su conducta. Partiendo desde aquí, lo primero será reconocer cuáles son las cosas que ahora te conflictuan en el día a día; podría tratarse de que no tienes un espacio aislado de los niños en donde puedas concentrarte para trabajar, que los berrinches han aumentado, que las tareas de casa también se han multiplicado o que ves bajo de ánimo a alguno de tus hijos.

2. Luego, comunícate bien

Pues bueno, reparemos sobre esto porque hay que iniciar reconociendo cómo nos sentimos en esta cotidianidad y como segundo paso, poder comunicarle a tu niña o niño qué te gustaría cambiar para entonces formular la estrategia.

Brandie Rosen, maestra en educación especial, escribe en su texto Simple Steps to Changing Unwanted Behavior que es muy importante que seas lo más específica o específico posible al hablar de cuáles son las conductas de tus hijos que te molestan. Puedes compartirles cómo te sientes también (sin llevarlo a un lado negativo ni echarles la culpa) porque lo que estamos buscando con esto es que los niños nos escuchen y entiendan claramente cuál es el problema que estamos buscando tratar. Los dos pasos anteriores son vitales para generar una consciencia de cambio con tus chiquitos, pero lo más vital y el paso que a menudo nunca es propuesto en la dinámica familiar, es salir con alternativas.

3. Propongan ideas juntos

El punto número tres para ayudarle a tus hijos a cambiar una conducta es proponerles ideas sobre qué nos gustaría que hicieran en vez de esa otra conducta. Si el problema es que no te ponen atención cuando les hablas, por ejemplo, lo mejor será que les expliques por pasos qué deben hacer para poderte escuchar plenamente. Con esto quiero decir que tú serás quien tiene que nombrar las cosas que ellos deben de poner en pausa para no distraerse en el momento en el que hay que escuchar (aunque parezca obvio). Muchas veces creemos que ellos saben a la perfección cómo deberían de comportarse pero no siempre es así; pongamos atención en cómo verbalizamos las cosas y asumamos que no está de más dar una instrucción demasiado clara y con ejemplos que ellos poco a poco puedan incorporar.

4. Ten paciencia. Mucha paciencia

Paso cuatro: ahora se trata de practicar. No esperemos que la nueva conducta se lleve a cabo de inmediato. Como en toda tarea, la curva de aprendizaje puede tomar tiempo, por lo que habrá que concentrarnos más en los pasos anteriores que en ver resultados inmediatos. Al cabo de estos cambios de hábitos nuestros, que en realidad se trata de hacernos conscientes de cómo abordamos las conductas de nuestros hijos, lo siguiente será más disfrutable.

5. Refuerza el cambio positivo celebrando

El último paso recomendable es reforzar el momento en el que ellos incorporen la nueva conducta. Aquí puedes ponerte creativo y hablarles de lo bien que lo han hecho, hasta darles algo simbólico a cambio como ver una película que a tu pequeño le guste o hacerle su comida favorita. El estímulo funcionará si te aseguras de que es algo particular y afín a tu pequeño , mientras lo importante será esclarecer que el motivo de este es reconocer su esfuerzo por dejar la antigua conducta. Recorre una conducta a la vez para que ambos, tanto tú como tu chiquito, afiancen bien los nuevos hábitos.

A mi hijo le cuesta mucho socializar, ¿qué puedo hacer?

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¿Qué podemos hacer como padres para favorecer las interacciones sociales de nuestros hijos?

La realidad de pandemia en la que estamos viviendo, ya suma meses sin clases presenciales, y en general, sin actividades como las conocíamos. Esto supone casi un año en el que la manera de relacionarnos ha tenido que resignificarse aún para los más pequeños.

Pensemos en los niños a nivel preescolar que no han podido interactuar con más personas de su edad o de otras edades que no involucren su primer círculo o círculo familiar. Pensemos en los niños a nivel primaria que interrumpieron sus relaciones sociales cuando apenas iban desarrollándolas. Incluso conocemos algunos casos particulares de bebés que nacieron durante esta contingencia de salud, que sólo conocen los rostros de sus padres y que en cuanto han recibido otros estímulos externos o interactúan con otros miembros de su circuito, estos no han sido asimilados con naturalidad.

Sin que olvidemos que no es atípico que los infantes requieran de herramientas para socializar, la situación actual además amerita nuevas formas como las virtuales para subsanar esas redes de interacción con el mundo. También requiere refuerzos desde casa para que ellos tengan toda la confianza y disposición al hacer nuevos vínculos. Tenemos que salir con estrategias para apoyar a los más pequeños y ver, ¿qué podemos hacer como padres para favorecer las interacciones sociales de nuestros hijos?

Todo se trata de que nosotros aprendamos a la par de los más pequeños, como escriben en el artículo de la educadora Susan Rudich en L.A Parent “10 ways to practice social skill at home” y ahora te compartimos algunas ideas en diálogo con las que aquí encontramos más relevantes:

1. Promueve muestras de afecto

Ser considerado con los seres queridos no siempre es una tarea sencilla ni orgánica. Puedes alentar a tus hijos a hacer un calendario de los cumpleaños de sus familiares mientras haces hincapié en que —por ejemplo, en estos momentos de pandemia—, una felicitación de cumpleaños se vuelve una muestra de afecto invaluable. De esta manera, prepáralos para enviar una tarjeta virtual que ellos elaboren, un regalo físico por paquetería que ellos escojan o aún mejor, un video que ellos planeen en donde quepa la felicitación. Seguro sacarás de aquí mucha consciencia hacia sus seres más cercanos, pero sobre todo mucha emoción de poder dar.

2. Refuerza los vínculos virtualmente

Dale carta abierta a tus hijos de poder planear una reunión con sus amigos de la escuela, el familiar que no tienen cerca o incluso su maestro favorito, a través de una plataforma virtual. Puedes empezar por contarles que la constancia y la presencia es algo muy valioso para construir una amistad. Además de reforzar sus vínculos sociales con una acción tan sencilla, también estás ayudándoles a ser conscientes de cómo utilizan su tiempo al agendar eventos importantes para ellos.

3. Ejercita su empatía

Multiplica los actos en los que eres considerado con los demás y reconócelos en voz alta. Puede ser desde que piensas en tus vecinos más grandes de edad y te ofreces a llevarles la despensa o les preguntas qué necesitan ante el confinamiento. Recuerda que tus hijos pueden amplificar los ejemplos que les pongas enfrente.

4. Déjalos perder

Estar en casa otorga la ventaja de poder practicar su reacción ante la derrota en un escenario óptimo. Agenda un día de la semana para juegos de mesa y sé imparcial. Perder en una actividad familiar lo preparará para la frustración mientras tú le ayudas a guiarla a reacciones positivas en vista de que fuera de casa tus hijos no siempre serán los vencedores o el centro de atención mientras les muestras que eso no está mal.

5. Enséñales autocontrol subrayando tus deseos o haciendo turnos

La paciencia es algo muy importante cuando hablamos de relaciones sociales. Habla a menudo de lo que tú quieres para que ellos también expresen sus deseos y puedan acomodar los de todos los miembros de la familia de manera equitativa. Quizá los lunes te toque a ti escoger qué se hará de comer, mientras a ella, él o ellos, otro día de la semana. Esta habilidad será verdaderamente útil en sus relaciones escolares; saber manifestar lo que ellos quieren pero también esperar y respetar cuando se trata de lo que quieren los demás.

6. Sé dinámico para empezar una conversación

La pregunta: ¿y cómo te fue en la escuela (virtual)?, ¿cómo te sientes?, por lo común que puede ser en nuestro intento por interactuar con los más pequeños, no siempre será respondida exitosamente. Dale un giro a sus conversaciones y hazte a la tarea de empezar desde distintos lugares. Por ejemplo, habla de cómo te fue a ti en el día, de lo que te llamó la atención, de cómo resolviste un problema y sé atento de lo que llama la atención a tus hijos sobre esos temas para que entonces enriquezcas la conversación con preguntas más específicas sobre lo que ellos tienen que decir.

A pesar de que las definiciones sobre el hombre dicen que somos seres sociales, esta habilidad se vuelve factible entre más la practiquemos. Por último, podemos recomendarte que utilices un vocabulario amplio para hablar con los pequeños y que así ellos puedan adoptar más palabras como herramientas que emplear a la hora de relacionarse.  

Para ampliar el tema:

Regresar a la escuela en época de pandemia, UNICEF

¿Cómo puedo fomentarles interés a mis hijos en temas que desconozco?

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Si bien guiarlos es relevante, lo esencial para que tus hijas o hijos desarrollen habilidades y aprendan cosas nuevas, es que adquieran la voluntad por conocer.

Como hemos visto en entradas como Pros y Contras del Sistema Montessori, el aprendizaje de los niños no es un tema que recaiga en los educadores ni en los padres, sino en la manera que los infantes se perciben en relación a su propio conocimiento y desarrollo. Si bien un acompañamiento consciente de parte de las figuras paternas y los guías educativos es relevante, sobre todo durante la edad escolar, lo que garantizará que tus hijas o hijos desarrollen habilidades y aprendan cosas nuevas, es que puedan mantener un interés activo y voluntad por conocer.

Para fomentar el interés de los niños en diversas esferas del conocimiento, tenemos que fijarnos en nuestros hábitos en relación a las tareas escolares o a las actividades extracurriculares que hemos promovido para ellos. Es común que en nuestro intento por contribuir a su aprendizaje y desarrollo, los felicitemos por los resultados finales como las calificaciones de fin de semestre, los ganadores de una competencia de natación, o por ejemplo, si el equipo de fútbol calificó o no a la siguiente temporada.

Pero estar presentes en el proceso de aprender, al contrario de motivar el interés de los pequeños, puede generar que relacionen sus nuevas disciplinas con mucha tensión y expectativas de parte de las personas que más quieren. Además, el camino para llegar ahí pierde sentido pues lo importante se vuelve conseguir el reconocimiento final.

Sea o no sea de tu dominio el interés que quieres fomentar en tus hijos, habrá que cambiar la ecuación. Cambia el foco de lugar y refuerza con constancia el proceso que los niños atraviesan cuando un nuevo tema o actividad les llama la atención. La idea es contribuir a sostener esa motivación y no mitigarla en el intento por prestar atención o aplaudir “los grandes logros”. Con esto no queremos cancelar el reconocimiento, sino al contrario: reconocer el esfuerzo cotidiano de tu hija o hijo al involucrarse en un proyecto de aprendizaje específico, le facilitará seguir con la actividad así como reforzará su seguridad y emociones positivas al realizarla.

Si procuramos esto, tenemos todo de gane cuando se trata de actividades que naturalmente despiertan el interés de nuestros pequeños, pero ¿qué podemos hacer cuando empezamos de cero? La pregunta es, qué herramientas tenemos para motivar un nuevo interés cuando vemos la necesidad de que inviertan mejor su tiempo, por ejemplo, mientras no somos expertos en dicho tema. Martínez-Pons, citado por María Martín en su tesis de grado Estudio sobre la importancia del grado de implicación de los padres en la educación de sus hijos, define cuatro conductas muy útiles para reforzar y facilitar el aprendizaje de los niños:

El modelado

Lo primero con lo que se educa, seamos conscientes o no, es con el ejemplo. Los niños imitan a sus papás porque encuentran en ellos un modelo de admiración y referencia. Es importante entonces, que atendamos y les proporcionemos buenos ejemplos como la autorregulación, la constancia y la búsqueda por aprender cosas nuevas. No tienes que preocuparte por abarcar todos los temas que pueden interesarle a tu hija o hijo, mientras les enseñas una actitud y deseo por saber más. Este tipo de modelado es lo más útil que tus pequeños pueden tomar de ti.

La estimulación o apoyo motivacional

No pueden darse por vencidos ante la primera señal de cambio o fracaso. El apoyo motivacional consta de que tú los alientes a persistir en la búsqueda que iniciaron aún en condiciones adversas. Puedes fomentarlo siendo buena escucha, preguntándole sobre lo que más le gusta de su actividad, lo que más le cuesta trabajo o pidiéndole que te enseñe un poco de lo que va aprendiendo. 

La facilitación o ayuda

Una manera de mantener el interés activo cuando la actividad que escogieron los niños ya no es una novedad, es aportando nuevos materiales, medios o recursos para que continúen asombrados. También puedes compartir una actividad con ellos en la que se involucren sus nuevos conocimientos e intentar ayudarles a afinarlos.

Recompensa

Este método no tiene que utilizarse muchas veces ya que puede ser contraproducente a su interés como mencionamos en la introducción. Sin embargo, es útil cuando se trata de reforzar una conducta extraordinaria o constante que implique algún grado de autorregulación. Por ejemplo, vamos a recompensar que la niña o el niño no dejó de ir a su clase de instrumento a pesar de que tenía un compromiso social a la misma hora. 

Si estás leyendo este texto, puedes reconocer que tu interés y prioridades están en donde tus hijos puedan desarrollarse, experimentar y aprender lo más posible. Eso es lo más efectivo: si puedes comunicarle a tus hijos  lo mucho que te importa que ellos encuentren nuevas actividades que les gusten y les entusiasmen, y si ellos pueden apreciar y ser empáticos con tu intención por que así sea, les estarás enseñando con un gran ejemplo, a interesarse, procurar e ir en búsqueda de lo que quieren. 

Mis hijos quieren una mascota y yo no. ¿Estoy mal?

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Entonces llegamos a ese día, al temido día en el que tus hijos empiezan a insistir con la idea de tener una mascota…

Estamos de acuerdo contigo, tener un nuevo miembro en la casa implica muchas más cosas que lo que probablemente ellos se están imaginando, como poder jugar a la pelota con el cachorro nuevo, los ronroneos del gatito bebé o el nombre que le pondrían a un pez dorado. Durante la pandemia, ha habido un boom de adopciones de mascotas a nuestro alrededor, lo que seguro ha incrementado la presión que ponen tus pequeños sobre el tema, pero antes de tomar una decisión en la que según la especie animal de la mascota habrá que proyectar desde dos a quince años a futuro, lo mejor será revisar qué tanto podemos concientizar a nuestros hijos sobre lo que representa.

Una buena intención siempre será necesaria para empezar a considerarlo; esto quiere decir que en el momento en el que tu hija o tu hijo empiece a pedir y repetir su petición, tú puedas cuestionarle muy seriamente sus motivos con el objetivo de que lleguen a hablar de los riesgos y las responsabilidades. Como ellos no soltarán la idea fácil, tienes un margen amplísimo de tiempo para generar dinámicas que les incentiven a desarrollar empatía sobre los seres vivos. Por ejemplo, puedes empezar delegándoles una tarea como el cuidado de una planta (sin manejarlo como una condición o castigo), pues a través de este ejercicio podrás observar el compromiso que tienen y cómo muta la ilusión hacía algo más real que involucra esfuerzo, como la actividad de regarla con regularidad.

Este tipo de dinámicas que ponen a prueba su responsabilidad, también te darán espacio a que tú les hables de que un ser vivo como un perrito requerirá aún más de sus cuidados y atenciones.  Quizá tu preocupación más grande será el tiempo que te ocupará educarlo, el gasto que implican las vacunas y su alimentación, cómo se le rompería el corazón a tus hijos en el caso de que se pierda o tenga un accidente (o incluso lo mucho que podrías tú personalmente encariñarte con la mascota), pero aquí estamos para mostrarte los factores que benefician a toda la familia adoptante—muchos de ellos irremplazables— , y se suman al hecho de entrada: adoptar una mascota es ganar un amigo incondicional.

Salud mental y emocional

a) Reducen el estrés

Cuando interactuamos con un animal por quien hemos desarrollado un vínculo afectivo, se liberan endorfinas. Una mascota es el perfecto pretexto para que los niños jueguen más en el exterior, hagan un receso de sus obligaciones y suelten la tensión o ansiedad del cuerpo, incluso en forma de un abrazo.

b) Incentivan el autoestima

En el artículo Should I get my child a pet? de la revista Family Corner, apuntan como las mascotas son un gran elemento de ayuda para incentivar el autoestima de los niños, siendo un estímulo social, buena escucha, compañía y afectividad desinteresada. 

c) Promueven la madurez emocional 

Una mascota es una enorme responsabilidad, por lo que el niño aprenderá a estar al tanto de sus necesidades a veces teniendo que ponerlas antes que sus propios deseos. Esto representa una ventaja considerable para desarrollar su madurez emocional.

d) Desarrollo de la afectividad

Que un niño cuide y críe a su mascota, es el ejercicio ideal para aquellos niños que tienen dificultades en dar y recibir afecto.

Salud física 

a) Buena presión arterial

Aunque se trate de una conducta curiosa, en algunos casos, la interacción “tosca” de los niños con sus mascotas en actitud de juego, ayuda a regular la presión arterial. Muchos hemos sentido ese impulso desde la ternura de apapachar y apretujar a nuestra mascota, pero quién diría que al hacerlo, nosotros nos hacemos bien.

b) Menos probabilidad de enfermedades

Los niños que conviven con mascotas tienden a desarrollar mayores defensas inmunológicas. En este sentido, es menos probable que ellos desarrollen alergias o asmas.

c) Estilo de vida más activo

Para mantener la salud de una mascota, los niños tienen que ejercitarse con más frecuencia. En el caso de un perro, por ejemplo, (a pesar de que tenga un espacio amplio donde estar) es ideal pasearle al menos tres veces al día, por lo que exige mayor actividad física de sus pequeños dueños.

Para saber más, visita aquí una guía pormenorizada de Direct Line Magazine sobre todo lo que debes saber para ayudarle a tus hijos a ser dueños responsables de sus mascotas.

Te decimos cómo detectar si tu hijo está sufriendo bullying o acoso

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Que el alumno pueda convivir con sus compañeros y sepa exigir respeto propio, le dará bienestar y calidad de vida social y, por ende, mejor desempeño académico. 

Antes que identifiques o no algunas de las características de comportamiento de una víctima de acoso escolar, es importante que como mamá o papá consideres lo siguiente:

Qué es el acoso escolar

La autora del estudio psicológico Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas, la Dr. Fuensanta Cerezzo, menciona que el acoso escolar “es el conjunto de conductas agresivas, entendidas como los ataques repetitivos  —físicos, psicosociales o verbales—, de determinados escolares que están en posición de poder sobre aquellos que son débiles frente a ellos, con la intención de causarles dolor para su propia gratificación”. 

La dinámica es la típica del fuerte sobre el débil; es un fenómeno violento, continuo y expansivo —va de un episodio a una dinámica de grupo—. Es muy importante entender que el problema no es anecdótico ni pasajero, las consecuencias en el niño o adolescente van desde el mal rendimiento académico, el abandono escolar, la depresión, la baja o nula autestima, daños físicos, hasta la ideación o intento de suicidio. Según la ponencia Factores de vulnerabilidad y riesgos asociados al bullying de la psiquiatra Pilar Arroyave Sierra “[…] las secuelas se pueden observar muchos años después que el alumno sale del colegio, tanto en el estrés psicológico general como en trastornos psiquiátricos específicos inmediatos en la edad adulta”.

Si tu hijo es víctima de algún tipo de maltrato escolar, no esperes a que hable contigo sobre sus problemas porque no lo hará. Es bastante común que quien sufre de bullying lo mantenga en secreto, ya sea por vergüenza, desconfianza o miedo.  

También es importante observar muy bien las señales y descartar otros factores, antes de tomar alguna decisión. Muchos de los síntomas de bullying pueden ser características de otras cosas, otros problemas que no se relaciona, tal vez se trate de la personalidad del niño o de la misma adolescencia. Por eso, te compartimos una breve guía para detectar si tu hijo está sufriendo de acoso escolar, según los comportamientos generales. Cabe señalar que los siguientes síntomas o indicios se presentan gradualmente: de los más pasivos a los más notorios y agresivos. 

Signos de bullying en tu hijo…

  • Ya no quiere ir a la escuela: Está ansioso o decaído por las mañanas y/o el domingo por las noches. Es normal que a los niños les cueste trabajo despertarse o que no les guste la escuela, pero no lo es que presenten dolor de cabeza o estómago, problemas para respirar y falta de apetito o sueño, específicamente en los preparativos para ir a la escuela. 
  • Se aísla: Uno de los cambios en el comportamiento es que se empieza a alejar de la sociedad y cuando convive con otras personas de su edad está ansioso o inseguro. Recordemos que si tu hijo es víctima de acoso, es probable que genere fobia social, pérdida de la autoestima y dificultad para confiar en otros niños
  • No te cuenta su día, omite información sobre la convivencia con sus amigos o compañeros o evade el tema escolar en general. 
  • Disminuye su rendimiento escolar. Comienza a presentar bajas calificaciones o fallas con entregas de tareas y proyectos. 
  • Pierde los útiles escolares o prendas del uniforme. Se puede dar el caso que el o los agresores rompan o roben sus cosas.
  • Llega a casa con la ropa rota.
  • Presenta daños físicos. 

Agresiones silenciosas que permanecen

Los daños pueden ser físicos, pero también verbales y psicosociales. En su vida social escolar tu hijo puede ser excluido (lo aíslan de juegos y actividades), hostigado e intimidado. Lógicamente, la sensación permanente de inseguridad e indefención dificulta su aprendizaje y convivencia escolar. 

Hay que considerar también que sí hay ciertas características asociadas a las personalidades del agresor y la víctima, pero estos perfiles psicológicos no necesariamente determinan que el niño o adolescente está en una situación de bullying. Es decir, a la víctima se les reconoce por no caer en provocaciones, ser socialmente aislados, cobardes ante problemas personales y ambientales, débiles física y psicológicamente, poca o nula asertividad, tímidos, retraídos y con escasa ascendencia social. Pero que tu hijo comparta algunos de estos componentes de personalidad no lo convierte automáticamente en una víctima de bullying.

Para leer más sobre este tema:

Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas, de Fuensanta Cerezo
Universidad de Murcia, España.

Factores de vulnerabilidad y riesgo asociados al bullying, de Pilar Arroyave Sierra.

¿Cómo detectar si mi hijo sufre acoso escolar?, de Elena Mengual.

Cómo detectar si nuestros hijos son víctimas de acoso escolar, de Silvia Álava Sordo.

¿Cómo hablarle a mi hijo de la muerte?

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Lo que hemos vivido durante la pandemia ha provocado preguntas sobre la muerte en las pláticas entre familia, pero ¿cómo podemos hacerlo mejor?, ¿qué aspectos habría que cuidar?

“Una enseñanza sin muerte es la muerte absoluta de la enseñanza.”

Vicente Verdú

Hay una sola certeza en la vida y esta es que existe la muerte. Por extraño que parezca, la inquietud sobre la muerte no es un tema periférico en el imaginario de las infancias —aunque sí en su formación—. Es un tema que surge independiente a la situación contextual de cada niño, que aparece como una pregunta inmensa y necesaria de responder. “Una cultura que no valora la muerte, no puede valorar la vida”, suscriben los doctores en Educación: Rodriguez, Herrán y Cortina, en su texto Pedagogía de la muerte mediante Aprendizaje de Servicio

A lo que nos enfrentamos como contexto, son agendas académicas que pasan el tema por alto, ambientes familiares que encuentran “muy delicado” tocar el tema con sus niños y que usualmente, acceden a él más bien a partir de paliativos religiosos o metáforas, que vuelven lo más naturalmente profundo en algo oscuro o velado.

María Cantero recalca en su texto La Educación para la Muerte, un reto formativo para la sociedad actual, que “en la actualidad ningún currículo oficial incluye la muerte como tema formativo. Esta situación hace de la muerte un tema invisible, el cual es mejor no tocar.” Ella señala que en la actual Ley de Educación de su natal España, se hace referencia a temas como la educación para la paz, la educación sexual, la educación medioambiental o la educación en valores, entre otros. Sin embargo, dice, “una vez más, volvemos a olvidarnos de ese lema de ‘Aprender a vivir’, y ¿cómo aprender a vivir si no sabemos que podemos morir?”

Sí hay algunas nuevas pedagogías que incorporan, orgánica y tangencialmente, preguntas sobre la muerte para que el tema deje de tener este carácter de ruptura y tabú. Distinguimos un par de ellas: la Pedagogía de Servicio y la Pedagogía de la Muerte. Aunque ambas tienen interesantes propuestas sobre cómo a través de conferencias, actividades sociales altruistas, etc., el infante puede empezar acceder a este conocimiento e incorporarlo sin miedo. Eso sí: nada va a suplir la necesidad de la niña o del niño de ser arropado desde casa cuando se trata de pensar en la muerte.

Cómo hablar de la muerte de acuerdo a la edad de la niña o niño

Es cierto que no será lo mismo hablarle a un adolescente que a un niño de siete años, así como tampoco tendrá la misma impresión un niño de tres. Por ello, mencionaremos, a grandes rasgos, unas características por edad que el texto antes citado describe y que pueden ser útiles para que tú como padre, maestro o adulto cercano, tomes a consideración.

Si pensamos en los más pequeñitos, ellos viven la muerte apenas como cuando se les niega algo, mientras que los niños de tres a cinco empiezan a construir un concepto borroso sobre ella, más relacionado con el miedo al abandono, el distanciamiento o el sueño. Puede ser muy positivo inaugurar el tema durante esta edad porque algo que caracteriza a estas infancias es la atemporalidad. Es decir, para estos menores difícilmente existe una apreciación del tiempo o de lo permanente. En ellos, la angustia por el duelo, porque algo sea incurable o por no volver a ver a alguien, es bien contrarrestada: los niños de esta edad creen en la magia.

Por este motivo, creemos que lo más afortunado será que desde este momento en el que tienen la fe y la imaginación a tope, tengas disposición para abordar el tema con ellos y los dejes, poco a poco, hacer sus preguntas e ir renovando sus conceptos conforme crecen.

Se observa también que a los seis años pueden desarrollar un sentimiento de responsabilidad por la muerte potencial de su gente más cercana. Parece que es entonces cuando identifican su carácter definitivo, por lo que habría que ser más comprensivos, sobre todo, con niños que rondan esta edad.

De aquí, hay un cambio polar en la adolescencia. La mayoría de los jóvenes no se interesan mucho en el tema porque al pensar centralmente en ellos mismos —rasgo inflamado de la pubertad—, ven con lejanía que algo así les pueda pasar.

Cómo confrontar la muerte a nivel personal

Lo importante ahora es confrontarnos a nosotros mismos desde la honestidad. ¿Qué nos hubiera gustado a nosotros que nos dijeran sobre la muerte cuando éramos chicos?, ¿qué cosas entre los eufemismos del mundo sobre la muerte, podríamos omitir? Hacernos estas preguntas y sumarle la intención por conceder a la niña o el niño la idea más natural sobre el fenómeno de la muerte, ya nos da una ventaja en cuanto a desarrollo se trata. Si bien será un proceso constante aquel en el que nuestros hijos conceptualicen la muerte para valorar más la vida, dar un paso adelante cuestionándonos y estando a disposición para que estos temas surjan, es irremplazable para ellos.

En mi caso, para ilustrar un ejemplo, la curiosidad sobre la muerte surgió de manera espontánea e intempestiva a los seis años, cuando le pregunté a mi mamá si se iba a morir. Mi mamá contestó que sí, pero que yo moriría también, aminorando el miedo a la separación que yo empezaba a sentir, sin razón. Mi mamá fue clara; pero después, en su intento por tranquilizarme, me dijo que aunque ella muriera, siempre iba a estar conmigo viéndome desde el cielo.

Muchas alegorías y eufemismos en torno a la muerte, pueden ofrecer un refugio momentáneo, pero más importante que recurrir a ellas con la intención de hacerle un bien a los más chiquitos, es evidenciar que no hay necesidad de tener un refugio. Al contrario, tener conciencia de lo finito de la vida trae recompensas. Como escriben Rodríguez, Herrán y Cortina en el artículo ya citado: “La recompensa es, sin embargo, reconfortante: primero, sentirse parte de la humanidad y segundo, poder contribuir más conscientemente a su mejora y transformación.”

Si bien ninguna respuesta o manera de abordar el tema va a poder presumirse como verdad (pues nunca podremos hablar empíricamente de la muerte), como un conocimiento suficiente o la mejor forma de aproximarnos a las infancias, la conclusión es: no debemos evitarlo.

Para que sepas más:

Lugizamón, Cárdenas, Martha Camila y Paredes Vallejo, Mónika Indira, Educación para la muerte: hacia las pedagogías de la humanización, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2015.

Zanartu S. Cristian; Kramer K. Christiane y Wietstruck P. María Angélica, La muerte y los niños, Revista Chilena de Pediatría, 2008, Vol.79.

Skliar, Carlos, Alteridades y pedagogías: o …¿Y si el otro no estuviera ahí?, Educación Social, 2002, Vol.23, No.79

¿Con tantas clases en línea, está bien que mis hijos sigan viendo televisión?

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Todas las pantallas fueron creadas para enriquecer nuestras relaciones, no para reemplazarlas. Y sin embargo, ¿qué está pasando?

Han pasado setenta años desde que el primer canal comercial, la señal del Canal 4, se inauguraba en la televisión mexicana. Desde entonces, el empleo del tiempo de varias generaciones en nuestro país y la manera en la que conocemos el mundo, empezó a cambiar. La pantalla de la TV y sus manifestaciones progresivas, ocupa ya no sólo un lugar especial en la casa sino en la vida diaria de millones de personas.

Por motivos lúdicos, informativos y laborales, nos hemos desarrollado a través de las nuevas tecnologías, pero lo impresionante es que para los más pequeños estas representan y les exigen un espacio más amplio. Las niñas y los niños se relacionan con el mundo digital con más naturaleza que otras generaciones, pues se ha vuelto parte esencial de su educación.

Hoy en día, a casi un año de que empezó la pandemia, el sistema educativo de los sectores más privilegiados ya se ha trasladado de lleno a las plataformas virtuales. Es un hecho que la educación en el 2021 depende del uso de la radio, el televisor, las computadoras de escritorio, las laptops, las tablets o los smartphones para subsanar la necesidad que la interrupción de las clases presenciales ha provocado. Desde antes de la crisis de salud, este fenómeno había echado raíces y ha sido tan radical y acelerado el proceso, que el tiempo pasan los infantes en frente de una pantalla se ha vuelto un tema importante de considerar.

El texto Tiempo en pantalla: Más allá de la televisión y hacia el futuro desarrollado por el Kansas State Research and Extension, suscribe que “Los estudios han demostrado que el consumo excesivo de medios, incluidos los medios de Internet, puede llevar a dificultades de atención, problemas escolares, trastornos del sueño y de la alimentación, depresión y problemas de peso tanto en adultos como en niños. Además, los educadores de la vida familiar reconocen el tiempo de pantalla que invade como un detrimento para el desarrollo familiar.”

La interacción, es decir, las relaciones interpersonales, son el mejor estímulo que los niños pueden recibir porque están en el momento ideal para desarrollar conexiones neuronales que serán cruciales para su crecimiento. Antes de los dos años, se recomienda que los pequeños no pasen tiempo frente a la pantalla, así se trate de un programa pensado especialmente para su estímulo cognitivo.

Previo a revisar por qué  no está bien que los más chicos pasen mucho tiempo al televisor, hay que considerar que todo tipo de pantalla o aparato digital fue construido como una herramienta para enriquecer nuestras relaciones, no para reemplazarlas. Con esto en mente, podemos hacer un esfuerzo por emplearlas de esta manera, con el cuidado que implica reconocerlas como un plus para la interacción mientras no el objeto central de ella. Esto aplica en la vida y hábitos de los adultos como en la de los niños, por lo que mientras los padres conservan una perspectiva similar a esta, pueden ayudar a sus hijos a adoptarla.

Los investigadores sugieren, por ejemplo, que si las familias comparten tiempo alrededor de un televisor o una computadora, elaboren actividades a partir de lo que ven. Si en el video que están viendo juntos, la gente baila, cocina, plática o va de campamento, entonces la mejor idea será echar a andar esas actividades, salir a vivir, discutir sobre lo que se cuestionan los personajes en la pantalla. 

Según la Revista Médica Sinergia en su texto Impacto del tiempo de pantalla en la salud de niños y adolescentes, estas son algunas de las repercusiones puntuales que el exceso de tiempo virtual puede ocasionar en la vida de tus hijas o hijos: 

  1. Sedentarismo
  2. Obesidad o mala alimentación
  3. Trastorno de sueño
  4. Retraso de habilidades motoras
  5. Menor rendimiento académico
  6. Retraso de desarrollo cognitivo y de lenguaje
  7. Dificultad de estabilidad emocional o problemas de conducta

Si estimamos que un niño debe tener entre 9 y 12 horas de sueño al día, según señala La Academia Americana de Pediatría, y sumamos las 8 horas que en promedio deben dedicarle a la escuela, restan tan sólo cuatro horas diarias que como padres podemos contribuir a que distribuyan entre sus otros intereses y necesidades como la recreación, el ejercicio, la convivencia social, el arte y la buena alimentación. Este es el screentime o tiempo de pantalla que los más chicos pueden invertir, según señala el texto  Pantallas y niños: Tiempo de uso y exposición recomendado por la AAP :

  • 0 – 2 años: Nada de pantallas
  • 2 – 5 años: Entre media y una hora al día
  • 7 – 12 años: una hora con un adulto delante. Nunca en horas de comidas
  • 12 – 15 años: Una hora y media. Mucho cuidado con las redes sociales
  • + de 16 años: Dos horas. Los dormitorios no deben tener pantallas

Si lo vemos de esta manera, no queda mucho tiempo de sobra como para darnos el lujo de que lo ocupen frente a un monitor, ¿no lo crees? Esta lógica puede contribuir a que reconsideremos nuestros propios hábitos de consumo tecnológico y construyamos estrategias alrededor de las características de nuestros hijos para regular este fenómeno dentro de nuestras casas.